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Objetivo criminal a definir


@|La repetición de ataques contra efectivos policiales con la finalidad de robarles el arma de reglamento o el chaleco antibalas, en algunos casos con resultado muerte, preocupa y mucho, tanto a las autoridades públicas responsables, como a las asociaciones gremiales que los nuclean y a la sociedad en su conjunto.

Estos hechos delictivos, que según ha trascendido, no son nuevos, aún no han tenido una explicación, ni se ha podido comprobar si obedecen a un plan organizado.

Lo cierto es que la fuerza policial, (que debe cumplir las funciones de vigilancia y persuasión, así como brindar seguridad y proteger a las personas y bienes de los habitantes, de investigar y colaborar con Fiscales y Jueces, en el esclarecimiento de los delitos o en el cumplimiento de medidas judiciales) en muchos casos es objeto ella misma de agresiones, rapiñas y hasta burlas de parte de quienes delinquen. Pues al parecer, son “objetivos o blancos de tiro” que dentro del ambiente de delincuentes, otorgan una suerte de “prestigio” o “respeto” a quienes los rapiñan, lesionan o sencillamente los matan.

Y así, estos funcionarios que integran las distintas dependencias del Ministerio del Interior, pero especialmente los “policías ejecutivos”, que en cada momento se juegan su integridad física y hasta su pellejo, por el mantenimiento del orden público, deben hasta ocultar su condición de tales para resguardar su propia seguridad. Y aún a costa de tener que pagar el boleto de transporte, prefieren vestir de civil o no exhibir su arma de reglamento, cuando van o regresan a sus casas, luego de las tareas que les encomiendan. Aunque la normativa vigente indica que tienen la “calidad de policías” las 24 horas del día… Evidentemente, algo no está funcionando en nuestra sociedad y eso queda de manifiesto. Pues resulta inaceptable que, quienes son los depositarios legítimos del uso de armas de fuego en la vía pública, deban ocultar su uniforme y sus insignias, así como sus armas, y equipamiento para moverse “a cubierto” de posibles atentados.

Este funcionario que debiera mostrar con orgullo su uniforme y condición de tal, se ve muchas veces desprotegido, no sólo en el cumplimiento de las tareas que le encomiendan, sino también al comprobar las ausencias de las jerarquías en hospitales y cementerios…esto debe cambiar.

El miedo se ha apoderado de muchos de ellos y no se ha alcanzado hasta el momento a conocer la razón última de estos ataques.

Al parecer ninguna hipótesis puede ser descartada a priori.

Lamentamos comprobar que pasados quince años de una gran bonanza económica, no se haya logrado fortalecer, tanto el orgullo de pertenecer al Instituto Policial, como las tareas de inteligencia –que apoyados en la alta tecnología disponible en la actualidad- debieran brindar mejores resultados.

Se impone fortalecer los cuadros, devolver la tranquilidad a los efectivos en el claro cumplimiento de sus cometidos.

Dejar finalmente de justificar a los delincuentes, con explicaciones “sociológicas”, en suma: aplicar la Ley e imponer el orden en los espacios públicos, para bien de la sociedad en su conjunto.

Gran tarea les espera a las nuevas autoridades en esta materia.

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