ECOS
Email:
Teléfono: 2908 0911
Correo: Plaza de Cagancha 1162
Escriba su carta aquí

Más que nunca; restañar la fractura social


@| Redacto estas líneas a comienzos de noviembre 2019, cuando todavía no se sabe qué va a ocurrir en nuestro país dentro de pocos días en materia electoral. Lo único cierto es que habrá un nuevo Presidente y un nuevo gobierno.

Pase lo que pase y gane quien gane, si hay algo clave, fundamental y prioritario para hacer en los tiempos venideros, eso es no agravar la grieta social que divide al Uruguay. Pero no agudizar la grieta no será suficiente; urge reducirla, achicarla, buscando todos los medios económicos, culturales y educativos para lograrlo. Insisto, gane quien gane.

Esto requiere buena voluntad de todos y cada uno de los uruguayos; no solamente de un grupo o sector. Exige eliminar de una vez por todas el anti-hismo crónico que tanto daño nos ha hecho durante largo tiempo y que supone encarar todos los temas y problemas que tiene nuestra sociedad en términos de enemistad, lucha y confrontación, nunca en términos de colaboración y cooperación. Advierto que no será fácil. Por la sencilla razón de que sigue habiendo un sector de nuestra sociedad que no sabe pensar y vivir de otra manera que no sea la lucha de clases, el eterno enfrentamiento, la destrucción y eliminación total de quien no piensa como ese sector.

Más aún, ese sector va a estar empeñado en continuar con ese esquema de pensamiento porque es el único que a la corta o a la larga, le ha dado resultado: si no tiene un enemigo enfrente al que debe eliminar, destruir o al menos someter con violencia y amenazas de todo tipo, debe buscarlo hasta encontrarlo. Y si no lo encuentra fácil y rápidamente, debe inventarlo, construirlo y mantenerlo el mayor tiempo posible. Así funciona la lógica y la dialéctica marxista-leninista y así funcionan los populismos de izquierda y derecha; tienen que tener siempre un enemigo al que deben detectar, combatir, culpar y eventualmente destruir. Si por alguna razón lograran esto último, rápidamente tienen que volver a empezar a reconstruir uno nuevo. Pues su objetivo y propósito - permanentemente reciclable - es ensanchar la fosa, agrandar la grieta, agravar la fractura. Y también cortar todos los puentes y lazos que puedan acercar o disminuir las distancias entre los extremos. Podemos pensar que son pocos, unas minorías. Pero no caigamos en la ingenuidad de pensar que esos pocos hacen poco ruido y poco daño. Sobran casos de la historia que muestran el caos, la inestabilidad y el perjuicio a veces irreparable que una minoría puede causarle a una mayoría en diversos aspectos de su vida. (Basta como ejemplo, con recordar lo paradojal e irónico que fue invocar la libertad, igualdad y fraternidad para la revolución francesa, que en poco tiempo arrasó con un baño de sangre a las tres grandes palabras mencionadas y que terminó después con la instalación no ya de otra monarquía, sino con la figura de un Emperador llamado Napoleón…).

Uno podría preguntarse el porqué de ese enfoque mental y actitud. En el fondo la respuesta es sencilla: cuanto más estén radicalizadas las cosas, mejor identificados se tiene a los bandos. Cuanta más sensación de enemistad exista, más sensación de inseguridad ante lo que va a ocurrir puede existir. Y la historia repetidamente nos muestra cómo las sociedades inseguras están dispuestas a ceder parcial o totalmente sus libertades a cambio de mayor seguridad. Esto es tan viejo como Hobbes, Maquiavelo y Gramsci, por citar a unos pocos. En otros términos, el pensamiento dialéctico precisa radicalizarse para que aparezca el miedo y la inseguridad y así poder despertar e instigar el reclamo del orden, la mano dura, la bota encima del pecho. Una vez instalado ese poder despótico, autoritario, absoluto, más fácil será identificarlo para luchar contra él, para tratar de destruirlo y reemplazarlo por otro poder tan o más despótico, autoritario y absoluto que el anterior.

El anti-hismo crónico se opone por sistema y por hábito mental. Prefiere ver las cosas en términos de oposición y lucha, nunca con enfoque de cooperación y complementación. Se alegra mucho más con los errores o reveses del adversario que con sus propios éxitos. Ya es más que suficiente que esta mentalidad forme parte de nuestra idiosincrasia futbolera, en la que se festejan más las derrotas de los rivales deportivos que las victorias del equipo propio. Pero de ahí a trasladar ese enfoque a los ámbitos empresariales, sociales, sindicales y políticos es una tendencia mezquina, cortoplacista y harto peligrosa. Lo único que promueve es sembrar el espíritu revanchista y darle toda la razón al proverbio chino que sostiene “El que se venga se prepara a cavar dos fosas”…

El gran desafío que tendremos todos los uruguayos será el de no seguir empujando el péndulo para los dos extremos. Buscar las maneras de que el péndulo oscile lo menos posible y quede lo más quieto posible en el centro. No para mantener el status quo o un quietismo político, económico y social que únicamente nos haría retroceder, sino para frenar las ansias de venganza, el cultivo del resentimiento y para no seguir echando combustible en una hoguera chispeante. Entender la evolución y el movimiento como si se tuviera que estar siempre y permanentemente empujando una hamaca para que nunca se detenga, es no comprender que cada tanto es importante su detención para que el hamacado o columpiado se baje y le ceda el lugar a otro. Ello ocurre cuando el hamacado deja de ser niño, ingenuo y manipulable con entretenimientos simples. Se ha transformado en un ser maduro, pensante, con capacidad crítica y de auto-crítica; no le gusta tanto que lo empujen y hamaquen permanentemente. Quiere optar por otras posibilidades, quizás menos vertiginosas pero más estables y duraderas.

De ahí la importancia vital que adquiere comprender lo que ya vengo sosteniendo por escrito y verbalmente en tantas ocasiones: “En los conflictos (del tipo que sean) lo más importante no son las victorias - que siempre son transitorias - sino las soluciones - que siempre son más estables. Por eso también, cuando haya victorias y triunfos en los conflictos - del tipo que sean – lo más conveniente y prudente es que se noten lo menos posible. Alardear, inflar el pecho, humillar y “pizarrear” en esas circunstancias es la mejor receta para que los derrotados ya comiencen a planear la siguiente revancha. Si con un botón de muestra alcanza, basta con recordar la manera en que se encaró la firma del tratado de Versalles al finalizar la 1ª Guerra Mundial, en donde se plantaron las mejores semillas para que floreciera la Segunda…

Ya es hora de haber aprendido esa triste lección de la historia y aplicarla sabiamente para evitar las revanchas y los movimientos pendulares.

El problema es que los radicales y los dialécticos resentidos de derecha e izquierda también parecen haber aprendido la lección. Precisamente por ello, no desean que el péndulo se detenga; lo quieren mantener oscilante, inventando o reavivando los conflictos del tipo que sea, para así poder seguir justificando su teoría; con la praxis de la lucha y de la confrontación permanente.

Se habla mucho en economía de que una inversión productiva requiere dos aspectos claves: “estabilidad + confianza”. Ello parece lógico y sensato. No habrá grandes inversiones en un país o región mientras no transmita interna y externamente esos dos elementos durante un período suficientemente largo.

Si esto es así en el plano económico, parece más que notorio y evidente que en el plano social, laboral, sindical y político estamos precisando con urgencia un nuevo enfoque mental e ideológico, para encarar las nuevas tecnologías que sustituyen a las obsoletas y una nueva manera de encarar las relaciones laborales. Para lograrlo, precisamos a gritos una nueva “educación sustentable” que apunte a la formación integral del educando desde temprana edad. Es la mejor vía para conseguir esas “inversiones sustentables” que tanto precisa el Uruguay. Y cuidado que no digo simplemente inversiones productivas, sino sustentables.

Pues como alguna vez leí en un trabajo de Ariel Buzzo; “Los productos se consiguen a tiempo y costo fijado; los frutos precisan tiempo para crecer y madurar”.

En definitiva, ya no se trata de defender un estilo democrático con elecciones libres y periódicas, una real y efectiva separación de poderes, una prensa sin censuras, fuerte e independiente, las garantías de un debido proceso, los derechos humanos de todos los habitantes de nuestro territorio, y los demás controles y contrapesos que siempre deben estar presentes en este país. Se trata de comprender y defender qué significa pertenecer a la República Oriental del Uruguay. Para que no nos arrebaten nuestro sentir republicano y nuestras ganas de convivir, con discrepancias y disensos sin dudas, pero sobre todo, de convivir en paz.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
volver a todas las cartas