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La nueva etapa


@|Hace poco escuché a Ricardo Darín en una entrevista que le hicieron on-line, desde su hogar. Fue un placer recibir sus simples, sensatas y profundas reflexiones en torno al tema de todos los días; el auto-encierro, el reencuentro con las cosas simples y sanas de la vida, el egoísmo y la estupidez humana.

Eso me llevó a plantearme una serie de interrogantes que se refieren al ya famoso y reiterado día después, cuando todo esto haya terminado.

Cuando esto pase - que pasará - ¿habremos aprendido algo? ¿Seremos más disciplinados y prudentes? ¿Habremos adquirido hábitos y rutinas diarias que cuiden y mejoren nuestra salud física y sobre todo mental? ¿Podremos discernir y advertir que la obediencia razonable muchas veces es la mejor forma de ser libres y que por el contrario, la desobediencia irracional es reiteradas veces el mayor camino para la esclavitud?

¿Habremos comprendido de mejor forma la expresión “Dios perdona siempre, el hombre a veces, la Naturaleza nunca...”?

¿Procuraremos reordenar nuestra escala de valores, apreciando más las cosas inmateriales y menos las materiales? ¿Priorizaremos entonces abrazar a nuestros seres queridos - y a los no tan conocidos también - antes que abrazar y adquirir objetos de consumo del use y tire cotidiano?

¿Revalorizaremos la paciencia, sonreír aunque cueste, el buen humor y la humildad como buenas recetas de sana convivencia humana? ¿Habremos ejercitado mejor la generosidad y empatía con actos concretos de cercanía y solidaridad hacia conocidos y también desconocidos? ¿Comprenderemos más la inutilidad y el daño que nos hacen el resentimiento y el ver enemigos constantemente fuera de nosotros mismos?¿Percibiremos la futilidad de pretender politizar y utilizar ideológicamente esta epidemia con fines mezquinos, reduccionistas y partidarios? ¿Alguna vez vamos a entender que recurrir al insulto público, soez, vulgar e irrespetuoso, para luego premeditada y astutamente pedir disculpas – también públicas – es utilizar una estrategia tan ladina como cínica?

¿Habremos captado un poco mejor el verdadero sentido de la fraternidad humana, que nos iguala en algo mucho más profundo que simplemente compartir una misma epidemia o padecer dificultades económicas? ¿Nos daremos cuenta, de una vez por todas, que los tiempos de Dios y los tiempos de la Naturaleza no son los mismos que los nuestros? ¿Entenderemos que se nos ha enviado un potente nuevo mensaje que no alcanza con escuchar, sino que debemos respetar y poner en práctica? ¿Asimilaremos la idea de que ponernos a rezar u orar, y poner todos los medios humanos a nuestro alcance, pueden ser complementarios y no contradictorios?

No tengo respuestas concluyentes para todas estas interrogantes. Sólo estoy seguro de una cosa: mucho va a depender de cómo vamos a reaccionar todos y cada uno. Las frases “esto no me incumbe” o “cada uno haga la suya” ya no tendrán más ningún sentido.

La naturaleza y esta epidemia nos iguala a los humanos en lo esencial y nos diferencia también a todos; según cómo administremos nuestra individual libertad responsable.

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