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Una noche violenta e inesperada


*|El pasado sábado 8 de agosto, cuatro jóvenes (dos muchachos y dos chicas) con un promedio de edad que ronda los 18 años, decidieron, luego de tanto tiempo de estar encerrados por la emergencia sanitaria, salir a divertirse un rato; por supuesto tomando las precauciones necesarias. Algo muy lógico y normal para su edad.

Pues bien, alrededor de las 21 horas, fueron a un lindo lugar a cenar y compartir un rato ameno. No bebieron alcohol porque uno de ellos manejaba y decidieron optar por refrescos.

Luego de un buen rato de compartir anécdotas, se preguntaron qué más podrían hacer; decidieron dar una vuelta en auto por la rambla (tradicional paseo montevideano).

A la altura del Oceanográfico y al ver muchos autos estacionados, decidieron parar un rato y respirar aire fresco. Se bajaron del auto un instante y de repente todo cambió...

Sin darse cuenta un auto paró sorpresivamente del cual bajaron cuatro delincuentes fuertemente armados. Dos de ellos, se dirigieron a los chicos exigiéndoles las billeteras, celulares y llave del auto. Los otros dos, les apuntaban a las jóvenes, que con los brazos levantados les decían que no tenían nada para darles, que sus pertenencias habían quedado en el auto.

Todo sucedió en cuestión de minutos...

¡Un horror!

Cuando obtuvieron lo que buscaban se fueron...

Después sucedió lo que todos ya saben, el llamado al 911, a los familiares, e intentar superar el shock que sufrieron.

¡Gracias a Dios, no los lastimaron!

Otros jóvenes que estaban muy cerca y vieron lo sucedido, se acercaron a dar una mano.

Sabemos que la Policía está trabajando fuerte para poder mejorar la inseguridad que sufrimos, incrementada por la pandemia, pero sobre todo, por tantos años perdidos en que no se hizo casi nada; por lo menos es la percepción que tiene el ciudadano común.

Una cosa quiero subrayar y es la reacción de una de las jóvenes (mi hija), quien muy conmocionada me dijo: “¡Mamá, ellos eran jóvenes como nosotros, y nos apuntaron con un arma como si la vida no tuviera ningún valor!”. Muy triste por cierto.

Y así es, para esos jóvenes delincuentes la vida no vale nada.

Al otro día, la Policía encontró el auto.

Una experiencia muy fuerte que les tocó vivir a estos jóvenes, que viven en un país libre, pero que todavía esa libertad se ve coartada por la delincuencia.

De todas maneras, confiamos en que las autoridades están haciendo su mejor esfuerzo para combatir este flagelo.

Pero, ¿qué hacer con estos jóvenes delincuentes cuyos valores están tan distorsionados que ni siquiera les preocupa perder la vida en un instante o matar a otro ser humano sin inmutarse?

Difícil tarea, sin duda.

La única herramienta es la Educación, pero mientras tanto...

En fin, esta es una historia de tantas que vive y sufre el uruguayo común, pero que no pierde las esperanza y sabe que desde el gobierno se está poniendo todo en la cancha para salir adelante.

Ojalá hechos como estos no se vuelvan a repetir; ningún ciudadano honesto de nuestro país se merece vivir esta situación.

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