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Los niños del mañana


@|Muchos, o todos los países han pasado alguna crisis económica en su historia, algunos más, otros menos. 

Los rioplatenses estamos acostumbrados a ellas, Brasil, Argentina y Uruguay, entre otros. 

Desde chico recuerdo cierres de bancos en la década del sesenta y más, con casos tragicómicos como que se perpetuaba el apellido de sus titulares, “tablitas” para el dólar, etc. 

Brasil ha tenido lo suyo en materia económica, monedas depreciadas, escándalos financieros, coimas, etc. 

Argentina compite y no se queda atrás; épocas en que los gobiernos se escapaban en helicóptero, cierres de instituciones financieras, cientos de cambios de moneda, hiperinflaciones varias (recuerdo el plan Austral) etc., hasta hoy día con lo ya conocido. 

Los candidatos siempre con una versión y opinión antes de asumir, luego van cayendo uno tras otro, en su misma bolsa, como quien “escupe hacia arriba”, pasándoles lo mismo a ellos que a todos los que han criticado antes de sentarse en la silla presidencial. 

Año tras año, década tras década, los que “pagan la cuenta” son los mismos, los laburantes, los humildes y honestos ciudadanos, que pagan en fecha, que cumplen sus ocho o más horas, que nacen y mueren bajo mentirosos discursos, sólo discursos de promesas, sólo promesas de personas que tendrían que pasar un estudio psicológico antes de asumir. 

Ahora otra vez en Argentina un presidente que le dice al pueblo que hay que apretarse los cinturones, que no son buenos momentos, que están atravesando una tormenta y van varias ya... por lo menos para el pueblo.
Es que en la vida de esos laburantes nunca hubo buenos momentos...
Uno tras otro, los ciudadanos honestos nacen, viven y mueren esperando, hipotecando su vida para un “futuro” mejor, promisorio... 

Como simples espectadores de un circo romano, ven pasar uno tras otro en esa codiciada silla presidencial, con apenas pequeños ratos de satisfacción.
¿Cuántos honestos ciudadanos están dispuestos a hipotecar años de sus vidas para que un gobernante de turno trate de “arreglar” la situación de un país?
¿Quién nos devuelve esos años de ajustes de cinturones, de aprietes económicos, de sufrir, esperar...?
¿Quién está dispuesto a que sus hijos pasen mal, no tengan una niñez como se merecen?; la bicicleta que no se les compró a los diez años, ya no tendrá satisfacción si se espera a los dieciocho... La pelota, el festejo de su cumpleaños, son cosas que los presidentes no saben porque no lo vivieron, y tienen caducidad... 

En fin, así se van formando las nuevas generaciones, sufriendo, esperando, viendo en la cara de sus padres la tristeza y decepción de una vida de promesas, de dejar todo para mañana, un mañana que apenas cada tanto llega y fugazmente se va, como un sueño de verano...

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