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Negocios poco cristalinos


@|A propósito de la negativa de la bancada oficialista (del partido político que gobierna nuestro país) a investigar la denuncia sobre la empresa Envidrio, formada por ex trabajadores de Cristalerías del Uruguay, en el 2005 y beneficiada con una suerte de donación por parte de Venezuela de casi 4 millones de dólares y las implicancias que habría tenido uno de sus mentores luego devenido en legislador (tanto al avalar la realización de “changas” por parte de sus trabajadores -mientras cobraban un seguro de paro de parte del Estado- como a incidir en sus prórrogas), me llevó a recordar un pensamiento de Sir Francis Bacon (1561-1626) que afirmaba que: “La verdad es hija del tiempo y no de la autoridad”. Frase que nos confiere la certeza de que, aún tarde, la verdad de los hechos saldrá a luz y habrán de exigirse responsabilidades a quienes les correspondan. 

Muy poco valdrá entonces la autoridad de una bancada complaciente con el poder, que renuncia a sus prerrogativas de contralor que la Constitución le confiere y se acurruca en sus mullidas poltronas, para esconder su complicidad en los hechos irregulares que se pretenden investigar. Movidos por un interés evidentemente sectorial, se alejan de la defensa del interés público, que su investidura les confiere, e impiden por un lapso, arrojar luz sobre éste y otros negocios muy poco cristalinos. Allá ellos. Mientras, las empresas sin padrinos de esta naturaleza, pugnan por alcanzar presupuestos ajustados, medianamente rentables, para sostener fuentes de trabajo sin créditos blandos, ni redes protectoras ni excepciones a la normativa que regula el seguro por desempleo que paga la sociedad en su conjunto. 

En una lid sin equidad, siguen creyendo en la vigencia del Estado de Derecho, cumpliendo con sus obligaciones y reclamando tratos igualitarios. Y los contribuyentes perciben cómo se van sus recursos financieros, en emprendimientos destinados al fracaso desde el vamos, en los que, pese a los múltiples viajes a Venezuela, producido el cierre y concluida la “aventura compañera”, lo que puede recuperarse de los fondos prestados, resulta hasta irrisorio. Ciertamente preocupante. Como lo es, la sensación de impunidad que muestran los implicados y quienes los apañan. Nada bien le hace al sistema democrático y republicano actitudes como las que comentamos, pues trasmite a los electores más jóvenes, y a los desencantados de siempre, una sensación de que “todo vale” y “nada importa”, cuando debiera ser justamente lo opuesto. 

El MTSS, tan severo en apariencia, con empresas privadas, ¿qué papel ha jugado en todo esto? ¿Dónde estuvieron sus inspecciones? ¿Qué resoluciones ha adoptado? 

Y la organización sindical, tan presta a denunciar abusos, ¿por qué se mantiene en un “silencio estratégico” en este asunto? 

Al lector medianamente informado, como a la ciudadanía en general, esta suerte de protección por encubrimiento, les deja por lo menos un amargo sabor, similar al que le produjo el procesamiento sin prisión de quien abusó del uso -en beneficio propio- de tarjetas corporativas y hoy insiste con ser candidato. Todo, como si nada hubiera ocurrido. 

Ciertamente inconcebible… en un país como el que supimos tener, que, lamentablemente comprobamos, está muy lejos de haber alcanzado el rango de “país de primera” que nos prometieron.

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