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Mi país, ¿el Imperio Romano? 


@|Era sábado y salimos a cenar. Había poca gente en la ciudad, pero el restaurante es bueno, así que en una hora estaba casi lleno. Disfrutamos de una velada tranquila, conversando y riendo, y casi a medianoche salimos caminando hacia el auto. Leo me abrió la puerta y fue al otro lado. De repente, sentí corridas y voces. Un hombre joven pasó corriendo. En un segundo, otro hombre, vestido de oscuro y con capucha, me atacó. Mi cartera roja colgaba de mis brazos cruzados. Mi reacción fue instintiva, mi cuerpo de espaldas era una barrera. El ladrón se tiraba encima de mí, violento y desagradable. Aún lo siento. A centímetros de mi cara, sus ojos grandes y desesperados. Tiré la cartera hacia dentro del auto y él se zambulló. Entonces pensé, ¿y si tiene un arma? Contrariada por la impotencia y el miedo, hice un último intento y lo dejé ir. Leo se le tiró encima, pero el ladrón logró escapar corriendo.

Los cuida coches, que vieron toda la escena, ni siquiera nos miraban.
De vuelta en el restaurante, me siento y lloro y repito, no quiero vivir más así. Los mozos llaman al 911 y solicitan que venga la Policía. Ya había sucedido otras veces. Denuncio mis tarjetas y bloqueo mi celular. En shock aún, escucho a la telefonista de la empresa de telecomunicaciones preguntarme: “El bloqueo tiene un cargo de $500, ¿lo acepta?” Me pregunto: ¿un cargo por qué? Despojada de mis cosas, impotente y en shock, respondo, Sí acepto.

Si la Policía llegaba a tiempo posiblemente los atraparían en las cercanías. Esperamos cuarenta minutos, pero la Policía nunca llegó.

¡Las llaves y mi dirección! Sí mi dirección estaba ahí; un segundo robo era casi un hecho. Pero creo que no. Parte de mi cerebro se calmó…
Domingo en la Seccional Policial. Una hora y media de denuncia. La Oficial fue muy amable, y muy lenta para ingresar los datos, con muchas dificultades de escritura. “No hay registro de su llamada al 911”, me dice.
Yo estaba agotada y no quise discutir. Sé que el 911 y la Policía trabajan juntos en el Centro de Comando Unificado del Ministerio del Interior. ¿El 911 no comunicó a la Policía? ¿Lo hizo y la Policía no respondió?
Necesito entender por qué las autoridades no me asistieron. ¿Nadie responde, nadie sabe?

Guardo esperanzas de recuperar mi celular. Les muestro la locación a los policías, a diez cuadras de la Seccional y a tres del robo. El oficial me explica, que “ahora” no pueden actuar directamente, que lo elevan a la División de Investigaciones y de allí sigue su curso, según el nuevo Código del Proceso Penal. No pasaron 24 horas. Sé que con denuncia en mano aún pueden perseguir a los ladrones. Pero me dicen que no.

Martes, llamo a la Oficina de Registro Civil para renovar mi cédula. Para exonerarme del cargo debo ir personalmente con la denuncia en mano. No puedo adjuntarla en línea, ni tampoco dar el número en la reserva telefónica. ¿Las bases de datos del Registro Civil y la Policía no están conectadas? No puedo ir personalmente por mi trabajo. Pago $309.

El Estado de la República Oriental del Uruguay en los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, falló en proteger y garantizar mi vida, honor, libertad, seguridad, y propiedad. (Art. 7° de la Constitución). La policía, el 911, y la Oficina del Registro Civil fueron ausentes y negligentes, y me cobraron por su ineficiencia. El Poder Ejecutivo falló. El Legislativo votó un CPP donde la Policía puede intervenir directamente solo en las 24 horas siguientes al crimen, y quien entra por rapiña puede salir en 6 meses. Los legisladores, todos, ¿leyeron lo que votaron? El Poder Legislativo falló. La empresa estatal de telecomunicaciones, me cobra para que los ladrones no usen mi teléfono. El Estado hace un negocio de mi robo. Y mientras, los ciudadanos que podemos manifestarnos, demandar y proponer, no hacemos. Solo pagamos cargos e impuestos, y nos quejamos por lo bajo. Los ciudadanos fallamos.

Mi País me tira al ruedo del circo romano y me cobra entrada, mientras los leones me comen y mi pueblo mira cuchicheando en silencio.

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