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El Mercado del Puerto


 Un turista amigo quiso conocer el Mercado del Puerto y hacia allá fuimos un mediodía de domingo. Unos aromas conocidos se anunciaban mucho antes de pisar la piedra cóncava del umbral. Arriba, la enorme cúpula de penumbra; abajo, bullicio de colmena humana, ecos de acordeón despertando los rincones. Es pintoresco este patrimonio nuestro, arquitectura inglesa del siglo XIX. Los restaurantes aportan colorido y el buen ambiente horizontal estimula a penetrar en el murmullo deambulante.

Mi amigo se rezagó observando un humo que trepaba a los techos de los locales, tropezaba con marañas de cables y caños, chapas, sillas apiladas..., y que en lo más alto, se disipaba para dejar apreciar la estructura metálica de columnas esbeltas, capiteles labrados, lucernarios festoneados. Por un instante, él se volvió para mirar otra vez el cambalache de los techos. Detectaba una costumbre nuestra: priorizar “lo que se ve” y esconder “donde no se ve”.

Los responsables deben disponer el más pronto retiro de ese amontonamiento; pero también deben resolver el aspecto de tabiques remendados, de instalaciones improvisadas sobre otras improvisadas; de tantos sucuchos...y lo inadmisible: el “más o menos” nuestro que traspasó el límite de la tolerancia, porque por sobre las cabezas de los turistas alguien llevaba en mano levantada un corte de carne cruda, y un poco más adelante otro entorpecía el paso con un carro vertical transportando un tacho desbordante de basura... para nada folclórico. Más temprano que tarde, las autoridades tendrán que intervenir para exigir el cumplimiento de las normativas bromatológicas, las eléctricas, las sanitarias; ocuparse de los gabinetes higiénicos y su lejano acceso; de la actividad de quienes en las veredas se mueven con la suficiencia del derecho adquirido.

Lejos de pretender “renovar” o “lustrar” el recinto, se trata de “preservar” la pátina secular y el carácter del querido Mercado con memoria histórica y rigurosidad arquitectónica y “enriquecerlo por contraste” con elementos tecnológicos de iluminación, ventilación, comunicación, señalización, seguridad. Y desde ya, con irrenunciable disciplina. La cosa es componer una puesta en escena integral, de nivel profesional; un lugar como los que reconocemos en centros turísticos europeos. Es hora que el Mercado del Puerto sea un digno centro gastronómico uruguayo. Sí por supuesto, la parrillada estuvo muy buena.

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