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Mentiras fascistas


@|La oposición del Frente Amplio al gobierno que preside Lacalle Pou va aumentado, día a día, en agresividad y perfidia, sin advertirse límites que la moderen o encaminen hacia posiciones más racionales. Todo vale. Es el fascismo, el verdadero, el que el Kremlin inventó para denigrar a Hitler que, como también era socialista, lo apostrofaba con el nombre del régimen italiano (ver “Los Balcanes”, de Alphonse E-Max).

El fascismo no es de derecha ni de izquierda; es uno solo, aunque éste sea el más peligroso de todos porque se vale de la manipulación repetitiva de las palabras como forma de ir anudando la ideología tras la cual esconder su filiación política totalitaria. Veamos algunos ejemplos.

El primero es la famosa “reducción de la movilidad” que a diario pregonan los actuales enemigos declarados del gobierno. Esto me hace acordar al Quijote: todo el mundo habla de él, pero ninguno lo ha leído. Deliberada y perversamente, nadie ha dicho en qué consistiría, pero es obvio que sería cerrando a cal y canto la circulación de personas y vehículos por las calles, con el ejército y la policía vigilando su cumplimiento. Que es lo que pide a gritos el Frente Amplio para después hacerse un festín con la “represión”.

El segundo y más reciente es una infamia que demuestra a qué grado de bajeza ha llegado el Frente Amplio en su obsesión de atacar al gobierno de Lacalle Pou; imputarle las muertes por el covid-19 que hubo en el país. Más ruindad no se podría pedir, agravada por ser una idea concebida por un pequeño grupo de médicos que antepone la pasión partidista al deber de contribuir al bien común. Triste, muy triste.

En el mundo han muerto muchos médicos, particularmente en Italia donde pasan el centenar, pagando con el supremo tributo de la vida su entrega al deber profesional. Particularmente, el gobierno italiano acuñará en estos días una moneda especial para perpetuar en ella el recuerdo de su heroísmo. Pero aquí primero está la política del agravio y de la mentira. Y después, después veremos.

Claro, culpando a Lacalle Pou de las miles de muertes que deja la pandemia se está abonando el terreno para un triunfo electoral del mañana. Más tétrico imposible. Es el fascismo hitleriano puro y duro inventando imputaciones falsas y vislumbrando violencias callejeras.

Y una tercera: el “manejo de la pandemia”. Repetida a diario como si fuera una letanía, incluso por científicos opinando sobre política, se ha convertido en sinónimo de “solucionar el problema”. Pero nadie ha reparado que no son los gobiernos quienes manejan la pandemia, sino que es la pandemia la que maneja a los gobiernos. Esa es hasta hoy la experiencia universal, con cuarentena o sin ella, todos han fracasado. Ni siquiera la OMS, presidida por un doctor en filosofía, acierta en sus recomendaciones, que cambia de un día para otro.

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