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El librito ese


@| Ya le llamaba Rivera, nuestro primer presidente constitucional, “el librito ese” a la Constitución de 1830. Y es que, en la época, y también por mucho tiempo, se dirigía el país con el pensamiento de que “si ese libro estorba, lo ignoramos”.

Uno pensaría que después de los mas de 4 gobiernos de facto que tuvo Uruguay, después de la nacionalización por parte de José Batlle y Ordóñez y la lucha por la democracia de Aparicio Saravia, los uruguayos aprenderían de una vez, en cierta diferencia con el resto de Latinoamérica, a respetar ese librito. Uno podría pensar que luego del último golpe de estado cívico-militar nuestra sociedad, y, mas que nada, la clase política, le tuviera mas respeto a la carta magna… pues parece que no.

Y es que existe cierta decadencia en el pensar republicano y democrático de nuestro país. ¿Verdad?

Nos es fácil ver como cada político que habla intenta, de alguna manera, reafirmar que “tenemos un espíritu democrático impecable” y que, comparados con el resto somos la panacea “Lockeana”.

Claro, cabe destacar que tenemos una Venezuela con golpe de estado hace ya mucho tiempo, en Bolivia fraude electoral, en Chile brutales protestas con brutales represiones, en Argentina una brutal crisis económica, en Brasil políticos corruptos presos, parece obligatorio destacar nuestra estabilidad en este sentido.

Pero también, es importante decir que desde hace ya bastantes años hemos tenido que soportar un gobierno al que lo institucional no le sienta muy bien, a menos que sirva como negocio.

Estamos bajo una completa degradación del republicanismo, y ojo, digo degradación, no digo derrumbe. Pienso que hay tiempo, que todavía se puede revertir esto, pero es imposible no alertarse cuando vemos las continuas y flagrantes violaciones a la laicidad en instituciones públicas, donde se utiliza el aparato estatal para hacer proselitismo en favor del partido de gobierno, como por ejemplo la página web de Presidencia levantando opiniones políticas o el MIDES, donde el pasado 27 de octubre se pudo ver un cartel que expresaba contrariedad a la reforma constitucional, donde un presidente viola la constitución al referirse políticamente a un candidato, donde la cantidad de rechazos de ley, por parte de la SCJ por inconstitucionalidad ha sido de los más grandes de nuestra historia y donde el TCR se cansa de observar a diferentes organismos y no obtener respuesta, donde se negocian negocios millonarios en secreto con empresas privadas en el que los uruguayos todos, junto a las siguientes generaciones, quedamos endeudados.

Queda claro que nuestra democracia se encuentra en un proceso de degradación, comenzando por las instituciones que deberían de fortalecerla, como la educación. El próximo gobierno, sea cual sea, tiene una obligación a la que no debe escapar y es la de atender esta situación de la mejor manera posible, empezando por la educación cívica en los liceos, educación muy escueta y casi inútil que se imparte hoy, y mejorarla, con una buena carga horaria y de contenido, pero, principalmente, enseñando con el ejemplo y atenerse a lo que las reglas del juego marcan.

Hay cosas que no se pueden dejar al azar, que son la base de nuestra sociedad y que cuando faltan ningún país puede sostenerse: la república y la democracia.

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