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¿Y si levantamos la alfombra?


@|Hay cosas del pasado que habíamos dado por superadas y fuera de uso que sin embargo debemos volver a usar. Como por ejemplo, las antenas de aire que debimos volver a instalar para poder ver el partido de Uruguay por televisión.

Y en el siglo pasado se usaba que maestras y profesores dedicaran gran parte del tiempo de clases a formar en valores a sus alumnos. Luego, en este siglo, vino el desgano, el "ponete cómodo", el "patealo para adelante", el "hacen como que me pagan bien y yo hago como que trabajo bien", se van dando cargos a docentes que no se terminan de formar y se sacan de arriba la vocación comunicando a los padres que son ellos quienes deben educar a sus hijos.

Y aparece Héctor Fiorit, sindicalista, hábil declarante que para evitar problemas con los padres que tienen tiempo para ocuparse de observar el trabajo docente, decide que todas las maestras mal formadas que no saben leer y escribir correctamente, pasen a "enseñar" en escuelas de contexto crítico, donde es menos probable que los padres se den cuenta. Pero permanentemente predica a la prensa todo lo contrario.

Como resultado, tenemos pobres cada vez más pobres y niños y adolescentes a los que les lleva un segundo decidir robar, rapiñar o matar porque nadie les dijo que eso está mal y que los que se arruinan la vida son ellos.

Tenemos maestras que en lugar de enseñar a hablar correctamente para hacerla fácil, aprenden palabras "ñeris" y las usan en clase. Y las Inspectoras "desmienten" los desastres actuales; imitando a Fiorit pintan a la prensa un panorama hermoso, divino "ya no habrá repetidores", y todo lo que está mal lo tiran bajo la alfombra que no se vea.

Hoy no hay formadores de docentes capacitados y el sueldo miserable que ganan no atrae a nadie capaz para tomar la carrera como vocación y como medio de vida.

Esa es la emergencia nacional; hay que aumentar sustancialmente los salarios, traer docentes y formadores de docentes del exterior y becar a docentes para que vayan a aprender en el exterior.

Tomar en serio la educación y la enseñanza dejando de mentirnos a nosotros mismos y al miedo a que el "sindicato se pare de punta”.

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