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Una lección de vida y cocina


@|Soy ingeniero químico y desde hace casi 20 años soy cocinero y tengo mi propio restaurante. Mis padres, emigrantes, me enseñaron que podemos cambiar el rumbo de nuestra vida, depende de nuestra actitud.

De la misma manera un programa de televisión ha contribuido a mostrar a esta sociedad, más allá de lo culinario, que los sueños son posibles si se cuenta con tres ingredientes: talento, educación y dedicación.

En esta gris sociedad, escasa de matices, una buena parte de la gente atribuye sus fracasos a la suerte y muchos esperan que el Estado distribuya la riqueza mientras se sienta a ver el tren pasar. Necesitamos más ejemplos como el que dos jóvenes protagonistas de un certamen culinario dieron la noche del lunes 11 de diciembre.

La final de segunda temporada de Masterchef, fue no solo una demostración de creatividad y técnicas culinarias, fue una lección de vida donde ambas finalistas se sobrepusieron a la adversidad y llegaron a cumplir sus sueños.

Siempre sostuve que las sociedades se enriquecen gracias al los emigrantes, ejemplos cosmopolitas lo comprueban. Ahora ese fenómeno social es parte de nuestra cotidianidad. Todos hemos encontrando en comercios y servicios gente que se destaca por su acento y su educación, traducida en “Usted” y en un saludo cordial. Lejos de venir a quitarnos el trabajo, los venezolanos han enriquecido nuestra cultura, nuestro idioma y ahora nuestra gastronomía.

Bien es sabido que las crisis son oportunidades y nadie mejor que Venezuela nos aportó en la última década, lo mejor de sus costumbres y su gente.

Ambas finalistas se merecen mi admiración, son triunfadoras en la vida, pero en particular quiero destacar el aporte de los emigrantes a nuestra cultura. Ahora mucha más gente sabe qué es una arepa, que a la carne deshebrada también se le dice mechada, y que se puede cocinar con coco no solo para postres.

Lo más importante es que ellas han mostrado a todo un país que querer es poder, que uno se sobrepone a los tropiezos, que la suerte no existe, el camino lo hacemos cada uno de nosotros.

Lo mismo para nuestros gobernantes, vean que la riqueza se genera con estímulo, no con dádivas. Estimulo a la capacitación, a la innovación, al esfuerzo que permite a las personas sentirse orgullosas de sus logros, desarrollando una sociedad más justa y equilibrada.

Gracias a ambas finalistas, pero en particular, a la Masterchef María Gracia. Como si su nombre fuera una indicio, gracias por su humildad, gracias por su talento, por su dedicación y por sobre todo gracias por enriquecer nuestra cultura.

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