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El otro lado de la educación privada


@|Hay cosas de las que no se habla o poco se conoce, llamémosle elitismo o discriminación.

Hoy en día cada vez hay más casos diagnosticados de niños dentro del Espectro Autista, niños con TEA, en sus diferentes “grados”. 

Para quien no lo sabe es una condición neurológica que, en el caso de aprender, hace que los niños vayan a otro ritmo o precisen de un acompañante terapéutico en el aula (obviamente sumado sus tratamientos de fonoaudiología, psicomotricidad, psicopedagogía, psicoterapeuta fuera del ámbito escolar) pero esto no lo hace ni anormales ni retardados y mucho menos perjudica la enseñanza hacia otros niños “normales” dentro del salón de clases. 

Vivimos en una sociedad donde se habla constantemente de inclusión, eso que no existe para estos niños en muchos centros de enseñanza privada o que con suerte existe solo para uno o dos en algunas escuelas privadas porque “tener más de dos o tres como mucho con este trastorno nos hace difícil trabajar porque requieren una atención personalizada y la maestra se tiene que enfocar en todo el grupo no sólo en ellos”. 

Esa es la respuesta más light que he escuchado en la búsqueda que llevo hace meses de un colegio para mi hijo con TEA para primer año. 

Es razonable dicha respuesta en algún punto, no en el caso de que mi hijo vaya con un acompañante terapéutico.

Después simplemente en otros lugares te dicen “¡No! No pague la matrícula porque no lo vamos a aceptar”. Después de que en la primer entrevista con la directora la misma te ilusionó hablando de inclusión en su establecimiento.

No creo que haya desilusión más grande que te cierren constantemente la puerta en la cara o te pongan trabas de todo tipo para aceptarlo. 

Yo me crié en la época donde yendo a la escuela la educación era para “todos”. Hoy como madre me doy cuenta frente a esta perspectiva que no es así. Antes de que se pregunten “¿Y por qué no lo mandas a una escuela pública?”. Quiero decir que lo intenté y sufrió una exclusión por parte de la maestra que no se la deseo a ningún niño, simplemente lo dejó de lado porque “no podemos con él”. 

Jamás escondí la condición de mi hijo a nadie, siempre la expliqué objetivamente y puse toda la ayuda y contactos a disposición de sus lugares de enseñanza. De hecho hoy va a un jardín del cual lo tratan como si fueran una gran familia, a todos sus niños, no hay un padre que no se ponga la camiseta de ese lugar porque es extraordinario. Lamentablemente no tiene Primaria, por eso todo este planteo.

Espero de corazón que un día la realidad cambie, que seamos tan inclusivos y para nada discriminadores como decimos ser, que se entienda que no hay niños mejores ni peores ni “normales o anormales”, solo niños que van a diferente ritmo con diferentes capacidades y que todas son válidas.
El TEA no es una enfermedad, es una condición, que le puede tocar a cualquier niño... No por eso son menos hábiles o capaces para aprender como cualquier otro niño que no tenga tal condición. Y tienen el mismo derecho de acceder a una educación digna e inclusiva en cualquier centro educativo. Ojalá todos esos centros que dicen “no” entiendan que su plantel también tiene que formarse y aprender, capaz se olvidaron que “uno no deja de aprender jamás”...  

La realidad es ésta y a veces es triste y lamentable.

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