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"Ki Chororó" - Industria Naval Nacional


@|Hace 10 años, más precisamente el día 23 de setiembre de 2010, tocaba por primera vez el agua del Río de la Plata, la primera de las dos barcazas encargadas a construir por la Ancap, a los Diques de la Armada.

El proyecto, concebido e implementado desde la Dirección General de Material Naval de la Armada Nacional, nació ante la necesidad del Ente estatal de lograr abastecer de manera eficiente las ciudades del litoral oeste de nuestro país.

La primera condición que debía reunir era la de cumplir estándares internacionales de seguridad, básicamente “Doble Casco”, a efectos de prevenir eventuales derrames de petróleo, producto de un accidente.
Otra condición era que se debía abastecer, en tiempo y en volumen, por vía marítima la Terminal de la Planta Paysandú, lo que implicaba que la construcción no debía tener un calado mayor que la profundidad promedio de algunos pasos del Río Uruguay.

Se decidió la construcción de dos barcazas de 2150 metros cúbicos de desplazamiento cada una, con una eslora (largo) de 71m.; una manga (ancho) de 14.5m y la construcción de un remolcador de empuje y tiro de 30 m de eslora, 2,40m de calado máximo y 25 toneladas de empuje (bollard pull) para conformar el tren con ambas barcazas.

El precio acordado fue de US$ 12.500.000 de esa suma, más de 5 millones, representaba costos de mano de obra, con el consiguiente efecto multiplicador en la economía nacional.

Se procedió a la contratación de técnicos auxiliares al Personal de los Diques, pasando por una escuela de soldadura de alta exigencia y la operación del único pantógrafo de corte por plasma computarizado existente en la Industria Naval Nacional a ese momento.

Hoy en día las Barcazas “Garzas viajeras”, “Río de los pájaros” impulsadas por el empujador “Ki Chororó” han realizado 64 viajes a Paysandú y Juan Lacaze en los últimos 5 años, lo que equivale a más de 15.500 viajes de camión. Han transportado más de 500.000 toneladas de combustible, lo que en comparación de precios del sistema de transporte por ruta implicó un ahorro a Ancap de más 25.000.000 de dólares, además de las miles de toneladas de carga que dejaron de impactar sobre la red vial del país; mientras que por oportunismos coyunturales cortoplacistas se puso en cuestionamiento la eficiencia y credibilidad del material construido.
En este último lustro, las embarcaciones (salvo los períodos de mantenimiento programados acorde a las regulaciones de la sociedad de Clasificación y de la Dirección de Marina Mercante) no han estado fuera del servicio operativo más de 10 días por causa de fallas de alguno de sus componentes.

Lamentablemente, la falta de visión estratégica de quienes percibieron una oportunidad de posicionamiento mediático, hirieron duramente el futuro de una estrategia de evolución de un sector industrial de altísimas barreras de entrada, con proyecciones nacionales y regionales.
El impulso brindado por la Armada a la Industria Naval Nacional, a través de sus Diques y Astillero, complemento inclaudicable de nuestros intereses portuarios a través de exitosas construcciones, pudieron tener su continuidad en la renovación de una flota pesquera caduca, que muestra su fantasmagórica figura en el antepuerto, o en el desarrollo de los propios Patrulleros Oceánicos imprescindibles para la defensa de nuestra riqueza marina.

En la actualidad, algunos técnicos capacitados en el proyecto vuelcan sus conocimientos en algunas ramas afines dentro y fuera del país; la infraestructura del astillero ve desde la inactividad el deterioro producido por el paso del tiempo, y los intereses marítimos nacionales siguen aguardando por restos de materiales extranjeros anticuados, cuando no obsoletos, que los resguarden.

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