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No es justo


@| Ayer mantuvimos una conversación con Diego mi sobrino después que le otorgaron libertad, luego de tres años de reclusión injusta, porque es inocente. Quería saber que sentía, que pensaba… Luego de un prolongado silencio me expresó; confusión, alegría, profundo dolor y rebeldía que solamente su Fe profunda lo mantuvieron vivo y con esperanza en todo ese largo tiempo. Recordamos y recorrimos en la conversación todos los laberintos oscuros, fríos, solitarios e indiferentes de ese dolor que soportó sin saber el porqué de una acusación falsa motivo de su reclusión equivocada. ¿Por qué él? ¿Cómo decirles lo que no vivió junto a su esposa? ¿Lo que no vivió junto a sus dos hijos brillantes estudiantes; el mayor becado en Montevideo; la hija abanderada del Liceo? ¿Cómo decirles que nunca obtuvimos respuestas ni palabras que explicaran lo absurdo de su reclusión? No hubo sentencia ni condena; no se encontraron pruebas porque no existían. Se sucedieron abogados muy capaces que se enfrentaron con muros de equivocaciones, o con silencios o respuestas oscuras. Los tres años y medio quitados a su vida , no se los pueden devolver. ¿Cómo recuperarlos? Soledad en un medio hostil, conviviendo con todo tipo de presidiarios, enfermos de carencias, de familia, de educación, de vida. 

¿Quién le devuelve esa vida perdida? ¿Quién le devuelve las horas de familia, de convivencia con su esposa e hijos adolescentes, que con sus padres soportaron humillaciones y desconfianzas? ¿Cómo aceptar tantas frustraciones? No tenemos respuesta, porque la Justicia está enferma. La equivocación; la omisión, la indiferencia, la falta de sensibilidad, de humanidad, golpean nuestro espíritu alertándonos. ¿Cómo termina todo esto? Aceptando lo que nunca pudo haber ocurrido; alegrándonos por lo que nunca será motivo de alegría. Por nuestra Fe; ¿por la esperanza? Que ella nos da, nos resta solamente decirles a los hombres y mujeres que teniendo las herramientas necesarias para resolver esta equivocación, equivocaron el camino. A todos ellos les decimos que tienen nuestro perdón, pidiéndole a Dios que libre a sus hijos de ese dolor incomparable y sin piedad. A los abogados, amigos como hermanos, primos incansables y familiares que colaboraron para el sustento de su familia el agradecimiento eterno. Que Dios los bendiga a todos.

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