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Jueves 24 de octubre 1929/2019


@| “Cambia todo cambia”. Nunca se imaginó el músico y compositor chileno Julio Numhauser que al escribir en el año 1982 la canción “Todo cambia”, pudiera ser tema de esta opinión. En el “cambia todo cambia” de hoy día, los problemas se crean por las velocidades de estos cambios.
La tecnología y su velocidad ponen en jaque a todos los estados. Este jueves 24 de octubre de 2019, se cumplieron 90 años de fatídico 24 de octubre de 1929, también conocido como el “jueves negro”; cuando los valores de la bolsa de Wall Street hicieron estremecer por primera vez al mundo económico. Fue el fin de “los locos años 20” en el occidente industrial y el inicio de la gran depresión internacional, una oscura era de crisis económica y radicalismo político que traería las peores guerras. ¿Ustedes creen en lo cíclico?

Hoy el mundo, y en particular las economías, se encuentran en un momento turbulento. Crisis económicas y recesiones, barreras comerciales, tensiones geopolíticas, van aumentando y sembrando más problemas que impiden transitar con más certidumbre y certezas a los países y por ende a las empresas y a las personas.

Los avances son muy acelerados por lo que no hay aún modalidades impositivas que hayan logrado quedar a resguardo de los avances que trae la economía "4.0".

Y esto es solo el principio de una carrera que va ganando velocidad y que no se sabe ni cómo ni quién llegara mejor a la meta.

Nuevas formas de dar servicios, nuevas maneras de construir, nuevos materiales, nuevas mentes emprendedoras son los que dejan en evidencia la “pobreza” y falta de flexibilidad en normas gubernamentales y/o privadas de índole financiera.

Creo que es “norma” que cierta lógica el problema sea siempre básicamente económico. ¿Porque económico? Porque obliga a los estados a buscar nuevas formas de recaudar impuestos sobre las alternativas que proponen, imponen y eluden a veces en cierta manera las nuevas tecnologías.

Los impuestos, en la mayoría de las legislaciones surgen exclusivamente con el objetivo de que el estado financie sus gastos. Los mismos son cargas obligatorias que las personas y empresas tienen que pagar para financiar al estado. Entonces, básicamente, el estado sin los impuestos no podría funcionar ya que no dispondría de fondos para financiar construcciones de infraestructura, prestar servicios públicos de sanidad, educación, defensa, sistemas de protección social, etc. que paradójicamente luego en innumerables ocasiones, los pueblos destruyen (último ejemplo Chile, anteriores y actuales Cataluña, anterior Ecuador, etc.). Es destruir e incendiar lo que es de uno y es de los demás. Quizás algún día, para protestar, algún “iluminado” piense “El estado soy yo” como Luis XIV e incendiará su vivienda, su auto o su moto a fin de mostrar su disconformidad.

Los impuestos directos e indirectos fueron inventados ya en la época de los faraones del antiguo Egipto para financiar las pirámides.

Desde ese entonces nadie nos va a quitar o disminuir los impuestos; y menos bajar los precios. Nadie regala nada y menos el estado. Y ahí es donde hoy día tenemos los grandes problemas de los cambios y las velocidades.

La historia ha marcado la evolución en la manera de recaudar impuestos, pero no a las velocidades en que hoy día se desarrollan las nuevas tecnologías que de una manera u otra buscan “eludir los impuestos mediante la tecnología” o “mejorar la vida del ser humano”.

Para balancear esto debemos mejorar la gestión de los gastos del Estado.

Hoy estamos frente a que la tecnología con su disrupción en varios rubros obliga a nuevos cambios que flexibilicen y amparen a todas las partes.
De todas maneras, así no se solucionarán estos dos problemas, ya que hay una tercera pata o problema por resolver; y este es el factor humano.

Por lo general estos “adelantos” tienen como replica menos intervención de “personal” o “mano de obra”, lo que implica indirectamente una pérdida de puestos de trabajos. Se contraponen tecnología y recaudación y no cierran los números de nadie.

En el pasado se avanzaba, pero no al ritmo de hoy día. También se perdían puestos de trabajo y se creaba desempleo. El problema hoy es el crecimiento vertiginoso de las tecnologías versus el aumento de la población. En el pasado esta “ecuación” de crecimiento de la humanidad se “resolvió” con dos grandes guerras; pero hoy no es 1929 y no queremos que lo sea, ya que las nuevas tecnologías podrían también hacer desaparecer la raza humana. Nuevos desafíos que no son fáciles para los estados.

Resolviendo la “ecuación” empleo/tecnología, se resolverían básicamente los problemas. Parece simple, por eso existe el populismo; pero esta “ecuación” debe tener como imponderable la buena gestión de los recursos generados por los impuestos. El Estado somos todos.

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