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Jornadas de Patrimonio


@| Con un clima excepcional, estas jornadas dedicadas al Patrimonio y en esta ocasión invocando un nuevo aniversario de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos de 1948, fueron todo un éxito de público.

La feliz iniciativa que se puso en práctica en nuestro país a partir de 1995, ha permitido a miles de uruguayos acceder a edificios que normalmente permanecen cerrados al público en general y así poder conocer por dentro estas obras de arquitectura que conforman ese “patrimonio” que en cierto modo nos llega a pertenecer a todos y que hace nada menos que al ser nacional.

En esta oportunidad miles de visitantes llegaron hasta la Estación Central que pese al abandono, conserva el esplendor de otras épocas en el diseño arquitectónico del Ingeniero italiano Luigi Andreoni (el mismo que construyó el Club Uruguay y el Hospital Italiano, entre otras obras monumentales que aún permanecen en pie) en un país que, verdaderamente, apuntaba a la excelencia y al crecimiento.

Resulta importante esta iniciativa, que vincula especialmente a todos quienes habitan este territorio con la cultura y en cierto modo, los sensibiliza, al permitirles acceder a espacios donde normalmente no concurren, dejándoles tal vez la semilla de querer volver, de querer investigar, de informarse, en suma de sentirse parte de una nación que tiene mucho para ofrecer y donde el pasado puede proporcionar muchos elementos de los que sentirnos orgullosos. Todo ello, sin perder de vista que, el ser debe seguir siendo más importante que el tener, pues detrás de los oropeles que puedan apreciarse o de la grandiosidad de los edificios y monumentos que se visiten, existieron en su momento y existen en la actualidad muchos conciudadanos comprometidos en el trabajo cotidiano y en la necesaria superación permanente, que les permitió no solo construir y mantener tales edificios, sino también hacer realidad con su esfuerzo, muchos de sus sueños.

En jornadas de este porte, donde se trasladan tantas personas, la presencia del Estado o del Gobierno Departamental debió sentirse más aún. Por la seguridad, la higiene, y el mismo orden público que debe existir. No es posible que los festejos de unos, atenten contra los derechos de los demás y que no exista un solo representante de la autoridad municipal, para establecer el orden o encaminar los desbordes que necesariamente se producen cuando “todo vale” y el corte de calles se resuelve “a prepo” con el sonar de tambores, flamear de banderas y repicar de comparsas, que hicieron -concretamente en parte del barrio Sur- suyos, espacios públicos que nos pertenecen a todos, con las consiguientes molestias y demoras al cortarse el libre tránsito. Hechos que lamentablemente, vienen sucediendo más allá de que se celebre esta especial jornada; que sucedieron y que felizmente, no pasaron a mayores por obra y gracia de un espíritu festivo en común, y por sobre todo, por la tolerancia de muchos automovilistas que preferimos tomar contramano alguna calle y volver a la rambla para poder acceder al Centro de la ciudad por una vía despejada.

Esto, también hace al patrimonio cultural y no debiera perderse de vista.

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