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Irresponsabilidad, ¿de quién?


@|Pocas veces le doy importancia a las palabras que utilizan los políticos en campañas preelectorales, pero ayer escuché en un informativo una oratoria burlona, al límite del bulling, sobre proyectos ajenos, pronunciadas por el ex guerrillero, llevado a presidente, José Mujica.

Nunca me resultó tan aplicable el refrán de haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. Comencé a preguntarme porqué alguien con tan poco respeto por la vida ajena, se puede dar el lujo de criticar públicamente a alguien, y no estoy hablando sólo de política, me estoy refiriendo a ejemplo de vida. El ex “revolucionario”, primeramente, como no tenía argumentos para convencer de su ideología a los ciudadanos, no encontró otro camino que robar y asesinar, ¿con fines políticos?

Finalizado su período de gobierno, nos encontramos con una enorme e impagable Deuda Externa; ¿dónde está el dinero? No se sabe, ¿lo invertimos en producir fuentes laborales? No, ¿lo vemos en mejoras de Educación? Tampoco, lo vemos en obras Públicas, menos aún. Lo que sí sabemos es que hubo una larga lista de seudo empresas a quienes se le regaló nuestros impuestos. No sólo no prosperaron, no generaron fuentes de trabajo y lo único que hicieron fue hacerlas desaparecer junto con nuestro dinero. Dejó una sociedad dividida y patotera, igual que su forma de ser. Engendró dentro del sentimiento colectivo, que era más fácil vivir del “Estado” que trabajar. Lo que no tiene en cuenta que el Estados somos todos, y que el dinero que despilfarró también era nuestro.

Que la Soberbia es mala consejera, y lo que es peor, si sólo tuviera un poco de dignidad, tendría que haber pedido perdón por las vidas que robó. Y que, como responsable de la hipoteca enorme en la que sumergió al país, tendría que tener un poco de dignidad y vergüenza y nunca más hablar en público, y menos aún burlarse de la gente que pretende hacer el milagro de arreglar su desastre. Pero claro, es como quien explota una bomba atómica y se sienta a ver, quién puede arreglar lo que queda. Y además, sus promesas electorales, se las llevó el viento, junto con su vergüenza.

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