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Contra la inseguridad

Sensatez vs. incoherencia


@|Como medidas resaltables, el legislador nacionalista Larrañaga propone: permitir allanamientos nocturnos por orden de un juez; la cadena perpetua revisable para delitos graves; no otorgar libertades anticipadas a culpables de estos delitos y la creación de una Guardia Nacional integrada por militares debidamente capacitados.  

La propuesta del senador es lo más sensato que he escuchado de mucho tiempo a esta parte, para atacar el tema de la inseguridad. En esto no está en juego ninguna carrera electoral, está en juego la vida de aquellos que viven aterrorizados en sus barrios, de los que trabajan, de aquellos que pagan impuestos carísimos y se arriesgan a poner comercios abiertos al público, porque en verdad hay que tener agallas para hacerlo en este país donde por un lado te esquilma el fisco y por otro te matan por monedas.
Entre guapos está la cosa, el objetivo es proteger al otro “guapo”, “al que labura” como dice el tango. 

Bandera que tendrían que levantar aquellos que se llaman representantes de los trabajadores. Tal vez será porque los ultimados no tienen ni seguro de paro. Seguramente “los conocidos de siempre” le van a dar con munición pesada, aquellos abogados del diablo que se desvelan por los derechos de quienes se encargan de cercenar la vida. 

Eso no le tiene que preocupar al susodicho porque está cumpliendo con el mandato que le confiere el elector. Los otros son comentaristas de ocasión. Hay muchos ejemplos de que cuando ellos son afectados directamente por la delincuencia reaccionan violentamente y se dan vuelta como una media. Las medidas que propone, todavía distan bastante de aquellos regímenes durísimos con los delincuentes, los mismos que merecen los de aquellos que aquí son humanistas travestidos. En este tema no puede haber términos medios, el derecho a la vida es el derecho principal. Del otro lado están los simplistas que primero ponen el mote de “fachos” y derechistas a todos los que piensan distinto y son expertos en crear falsas oposiciones. Una mentira repetida 1.000 veces termina por ser verdad, decía Goebbels. Entre los ejemplos más grandes está el de hacer creer que las políticas sociales, de rehabilitación, de reinserción en la sociedad de aquellos postergados van contrapuestas con las medidas punitivas necesarias. Las dos cosas corren paralelas. Mientras se trata de impedir que un árbol joven se tuerza, no podemos permanecer impasibles a que nos aplasten los que están inclinados.  

Un ejemplo gráfico lo es la campaña contra el tabaco emprendida por el primer mandatario. Mientras explica en detalle los daños que produce el consumo, las causas del cáncer de pulmón, etc., y trata de educar en ese sentido, no vacila en aplicar “de pique” drásticas medidas punitivas, porque en esencia lo son, las tomadas contra las tabacaleras y contra los propios fumadores limitando su espacio so pena de severas multas. 

Las estadísticas tan recurridas por los gobernantes indican con indisimulado orgullo la disminución en el hábito de fumar (eso que tuvo el contrapeso de la ley del “ex” sobre la marihuana). 

Sin embargo demostrando una incoherencia total, no vacilan en proclamar a los cuatro vientos que penas más severas no desalentarían el delito y se empeñan en demostrar la falacia de un divorcio entre derechistas penalizadores vs. izquierdistas paladines de los derechos humanos.

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