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La inseguridad

Lógica vs. paradoja


@|La política en materia de seguridad del partido de gobierno ha fracasado rotundamente. 

La incompetencia del Ministerio del Interior se completa con fallos de la justicia que la mayor parte de la ciudadanía no comprende. 

Después de un homicidio alevoso, o de violaciones que causan conmoción, salen a luz los profusos antecedentes de los victimarios (ya sean mayores o menores) que causan desconcierto porque los hechos delictivos se suman en tiempos cortos. 

De ahí que surge una lógica simple con una interrogante cuya respuesta no satisface. ¿Cómo esta gente puede andar suelta? Las explicaciones técnicas que brinda la élite jurista el ciudadano común las entiende como puede entender las explicaciones que da la NASA sobre la actividad de un agujero negro. 

Para completar “el combo” aparece en escena el nuevo CPP con nuevas prerrogativas para los fiscales, que dicen ser pocos, que están saturados de trabajo, trabajo al que no están acostumbrados porque antes era competencia de los jueces y que ha suscitado controversia y duros enfrentamientos entre pares. En tiempos revueltos, parece aplicarse aquello que rezaba en el poema de Antonio Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.  

La ciudadanía en general tiene el convencimiento que a los criminales más que garantías se les dan franquicias. Hasta se les da un ámbito de negociación como si estuvieran refinanciando una deuda, en este caso un delito, un crimen. De Ripley realmente piensan aquellos que no entienden de tecnicismos jurídicos, que aplican una simple lógica aristotélica. 

El gobierno no va a cambiar su política en seguridad, ha hecho todo lo que ha podido, que no es lo mismo decir que no se puede hacer más nada. Sus esfuerzos fueron dedicados exclusivamente a la prevención. Ha hecho uso y abuso del alerta ciudadano, del consejo paternal, ante un enemigo impredecible. 

Ante las críticas se ha defendido con eslóganes perimidos y recurrentes que solo son de recibo para los incondicionales. 

Antes morirá con las botas puestas que recurrir a sugerencias de la oposición, paso que no está dispuesto a dar por los costos políticos que estima serían más caros que los que pagaría por mala gestión. 

Por ende no puede prometer más nada porque no será creíble. Si quisiera cambiar nunca podrá unificar criterios entre el Ejecutivo, “su Parlamento”, el PIT-CNT, y el sistema democrático del Plenario, ya que su famoso programa parece tener más interpretaciones que El Corán. Son muchos filtros a pasar.  

La oposición sabe que es el flanco débil de la coalición. Pero la oposición más allá de promesas deberá presentar un plan bien elaborado, sin fisuras, que englobe a todos los actores, que sea fiel a la Carta Magna, que se pueda poner en práctica rápidamente. 

Las cosas empezarán a cambiar cuando la ciudadanía advierta que en materia de seguridad la lógica se impone a la paradoja.

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