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La inseguridad

“Resígnate hermano”


@|La inseguridad ha llegado a límites insospechados. Hasta el PIT-CNT que se había mostrado reacio a hacer alguna mención al respecto, seguramente obligado por la dimensión que ha tomado el problema hizo alusión al tema en su acto del 1º de Mayo. Ya no se puede invocar a la sensación térmica, ni culpar a los noticieros de distorsionar la realidad. 

Es realmente curioso lo que pasa en esta sociedad pluripartidaria cuando se debate el tema entre allegados. Al relatar hechos objetivos, tomados de una cruda realidad, los frentistas no sé si con sentimiento de culpa o qué, salvo raras excepciones repiten como loros las consignas que les bajan sus líderes: “Es un flagelo universal”, “La sociedad cambió y está más violenta”, “va a costar mucho revertir esto”, “antes pasaba lo mismo y muchas cosas se ocultaban”, “está el problema de la droga”; también usan el recurso dogmático repetido hasta el hartazgo: “repartir la culpa entre todos”, “culpar al capitalismo salvaje”, a la “sociedad patriarcal”, “victimizar a los delincuentes”, “endurecer las penas no sirve”, etc. 

Algunos ante las quejas ciudadanas esgrimen un falso deseo: “Me gustaría que ganara la oposición a ver que hace”. Hay que reconocer que cuando les toca a ellos sufrir los efectos de la delincuencia su metamorfosis es inmediata, entonces hay dos reacciones: se pasan para el otro lado o no hablan más del tema. 

Es increíble la efectividad de ese “lavado de cerebro”, hasta el punto de embriagarlos de un escepticismo y una resignación que es la vía para convencerlos de que no se avizora en el horizonte solución alguna. Es claro que el gobierno corre con la ventaja que gran parte de la población no vio otra sociedad, está rutinizada por los acontecimientos y lo que es peor aún: expectante y sufrida. 

Por supuesto que los argumentos de aquellos que tenemos unas cuantas carnestolendas, no les sirve, “somos de otra época” -nos dicen- “tenemos el figurín atrasado” cuando no que “usufructuamos las bondades de la postguerra”. 

¡Por favor despierten! Claro que hay salida, seguro que hay que mirar al pasado y nutrirse de la experiencia, ¿acaso cuando a los referentes de la coalición les conviene no son los primeros en desempolvar el álbum de la abuela?  

Ese discurso desmoralizador emana un efluvio cloroformizante que inmoviliza, que convence que no se puede hacer más nada, que hay que acostumbrarse a vivir así, contrasta con aquel que previo a las elecciones endulzaba los oídos prometiendo ser implacable con la delincuencia. A un año y medio de los próximos comicios, cuando las estadísticas se dispararon, el mensaje elíptico es que nadie puede superar la gestión en materia de seguridad, que se ha hecho todo y que la mejoría se verá a largo plazo. Es la soberbia que quiere disimular la inoperancia. Es el nuevo verso para convencer a los incondicionales que los sigan votando. 

Como decía “El Mago”: “Resígnate hermano yo te lo aconsejo, dejá que esas cosas las arregle Dios”...

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