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Indiscutible batalla cultural


@| Es un hecho indiscutible que la batalla cultural, es decir la primacía por imponer valores, creencias y comportamientos en la sociedad, la ganó hace décadas el Frente Amplio. Es la consecuencia de un paciente trabajo realizado a través de la prensa, la academia, la enseñanza, la cultura popular, solo por mencionar algunos ámbitos sociales, e incluso hasta el deporte. Son innumerables los hechos que avalan esta afirmación, a tal punto que muchos dirigentes de los Partidos no izquierdistas muchas veces no se atreven a juzgar con rigor ciertos hechos o a decir ciertas verdades evidentes por temor a transgredir esa cultura y ser tildados de fachos, insensibles, retrógrados y hasta a veces cómplices de dictaduras o cosas por el estilo.

A modo de ejemplo estoy seguro que el surgimiento de Cabildo Abierto se debe en parte a que esos mismos dirigentes no se animaron en su momento a liderar un movimiento de las características de CA en sus propios Partidos, porque pensaron que la aplanadora frentista con su prédica masiva los pasaba por la máquina de picar.

Pero quiero referirme a otro aspecto que también es una consecuencia de esa primacía “cultural” que impuso la izquierda; es el caso paradigmático del inefable José Pepe Mujica. No recuerdo en nuestra historia reciente a un personaje político tan nefasto y que goce de tanto prestigio. Jamás imaginé que nuestra sociedad llegara a tolerar e incluso a elogiar los disparates que hizo y que dijo- y que aún sigue diciendo y haciendo- este individuo. Y no es sólo el sector frenteamplista que lo elogia sino gran parte de nuestra sociedad. Fue el autor de los más ruinosos y fracasados proyectos vergonzantes que se llevaron a cabo en las últimas décadas: puerto de aguas profundas, minería a cielo abierto, regasificadora, Pluna, pérdidas de Ancap , millonarios juicios perdidos, negocios con Venezuela, en fin un rosario de fracasos. Apadrinó al más grande “cara de piedra” que pasó por nuestra política, el renunciante e inimputable vicepresidente. Se da el lujo de decir cualquier dislate sin que nadie, salvo algunos pocos, lo condene severamente, y el grueso de la población lo sigue tolerando con el cándido argumento de su sabiduría o su humor. Desde el famoso “no sea nabo Neber” hasta el más reciente, “los militares son carne con ojos”, pasando por “los cajetillas de la ciudad vieja” , “la culpa es de los que se ponen delante de las tanquetas”, “los gurises abombaos que precisan algún puñetazo”, los maridos que tienen que perdonarlas si se van con otro, solo por mencionar algunos de esos disparates dichos por este individuo reitero, a quién se le perdona todo en aras de esa cultura que se le impuso a la sociedad y donde “todo es igual , nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”.

Como blanco tengo otra forma de ver la sociedad, otra concepción más elevada de la vida y del prójimo, quiero unir a la sociedad y no ser partícipe de una cultura que permanentemente ha pretendido sacar provecho de la desunión. Los uruguayos debemos comenzar a alzar nuestra voz sin vergüenza y sin temor.

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