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¿Ideología de género?

¿Ideología política o simple fanatismo?


@| En estas épocas donde las redes sociales juegan un rol preponderante en nuestra sociedad me asombró ver la cantidad de comentarios de similar tenor emitidos en relación al ataque a la Iglesia del Cordón por parte de un grupo de mujeres durante la marcha del pasado 8 de marzo.

Tal es así que me llevó a pensar hasta donde estos grupos (porque no somos todas las mujeres las que pensamos así) rayan más en el fanatismo político que en ideología de género.

Sintetizo en este ejemplo los variados comentarios leídos en Twitter donde sistemáticamente se repite el mismo tipo de respuesta:

Argumento 1 – lo que hicieron en la Iglesia del Cordón no correspondía, era una marcha pacífica.

Argumento 2 – ¿te referís a tres bombitas de pintura que le tiraron? Por lo menos no fueron piedras como tiraron el otro día hinchas de un club de fútbol.

Argumento 1 – no seas mala, esas minas fueron preparadas deliberadamente para hacer ese enchastre, ¿era necesario?, ¿no ves que así ensucian la marcha?

Argumento 2 – yo no veo nada de malo, no te compliques tanto, que este es un país libre… y un poquito de pintura en una pared no le hace nada a nadie…

Esta secuencia (palabra más o palabra menos) se lee en varios de los twits sobre este tema. Lo que me preocupa es que es más un adoctrinamiento ideológico que una conversación basada en la razón. Quien defiende el ataque busca en todos los casos minimizarlo y quitarle relevancia no solo como ataque deliberado a una institución (cabe destacar que también tiraron bombas de pintura al BROU), sino que demuestra una absoluta falta de respeto a la propiedad privada.

Si esta misma situación se hubiera dado en otras circunstancias, la calificación de la misma no se minimizaría en absoluto. Razón de más para asumir que no se habla de lucha por la mujer sino de fanatismo.

Demostraré lo cierto de esta afirmación de la siguiente manera: si las bombitas de pintura hubieran impactado contra un comité de base o contra la vivienda de algún representante del gobierno, no hablaríamos ya ni de libre expresión ni de que se trataría de un par de bombitas sino que este accionar sería catalogado de un ataque de la derecha fascista, lo mismo sucedería si hubiera sido contra la sede de algún sindicato donde inmediatamente se lo catalogaría de ataque a la lucha sindical y a los trabajadores. Entonces, ¿cómo puede ser que un mismo hecho tenga diferentes lecturas? Simplemente porque estamos ante un caso de fanatismo.

Ni que hablar si la charla por Twitter continúa y quien argumenta tiene la osadía de defender de alguna manera a la Iglesia (sea por la labor social, sea porque en su obrar también apoya y ayuda a otras mujeres – caso Capilla del Pereira Rossell, por sus proyectos en barrios carenciados, o bien cuando se evoca que la Iglesia – incluyendo la del Cordón, durante la dictadura ayudó a mas de uno a escapar) ahí la charla sube de tono y la respuesta es siempre la misma (como si fuera un verso grabado), hablan de la pedofilia como si fuera la única institución donde se da (que conste que no solo la aborrezco en todos los órdenes no solo en el clerical) o inclusive de la inquisición .

Por último quien cuestionó estos actos termina optando por no seguirla, porque se da cuenta que: “la peor pérdida de tiempo es discutir con el fanático al que no le importa la verdad o la realidad sino solo la victoria de su fanatismo”.

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