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"Estamos en el horno"


@|Sí, siento que estamos en el horno y cuando digo “estamos”, hablo de nuestra sociedad, en la que me incluyo. 

Podría leerse como una frase poco académica, pero es la que me da vueltas en la cabeza desde hace días. No encontré una expresión más culta para manifestar mi preocupación frente a la realidad que estamos viviendo.
No acostumbro mirar informativos de la televisión, pero, como la misma está encendida, aunque esté en otra actividad, la escucho y debo admitir que ojalá no lo hiciera. Es absolutamente deprimente; da la impresión de que el morbo es el condimento imprescindible para llenar tiempo y así, superar rating de sus competidores. Triste, muy triste. Dedican un gran porcentaje del informativo a informar de robos, rapiñas, copamientos, asesinatos, ajuste de cuentas, cajeros explotados, etc. y mientras, anuncian titulares... que en breves momentos conocerán... 

Obvio, todo lo que antecede es real y me consta que ello se sintetiza en inseguridad y comparto que en estos momentos es un tema que nos abarca y aflige a todos. Pero, informado tal como lo hacen los periodistas -con rostros impasibles o a veces semi-sonrientes- da la impresión de que estuvieran refiriéndose a espectáculos que están en cartelera en estos momentos.  

Hasta acá, ninguna novedad; es algo de todos los días y en casi todos los canales y aunque triste, es verdadero. Sospecho, sin embargo, que esta es la impresión que cualquier persona, medianamente sensible, debe percibir si los mira: patéticos. 

¿Qué nos aporta o en qué beneficia a nuestra sociedad saber, por ejemplo, cómo fue ejecutado ese ser en su celda por su compañero? ¿Qué nos aporta saber detalladamente cómo fue todo el escabroso proceso por el cual pasó lo que más acá o más allá, algún día -dadas las circunstancias en que se encontraba- eso no iba a ocurrir? Morbo, solo morbo. 

Entonces, ¿qué me impulsó hoy a escribir esta nota, consciente de que todo lo antedicho no es sorpresa para nadie? 

No pude mantener silencio frente a las “noticias” que en estos últimos días he escuchado. Los hechos incalificables que, según los informativos, han ocurrido en escuelas públicas de nuestro país. Digo, según los informativos, porque hasta ahora, nada se ha confirmado y deseo fervientemente que jamás se confirmen porque entonces sí, estamos en el horno.  

Abusos sexuales entre niños, docente que abusa de niños, madres que pegan a los docentes. ¡Inimaginable! La escuela, el lugar al que enviábamos a nuestros hijos tranquilos pues era “la segunda casa”, el lugar más seguro, pues allí los esperaba “su segunda madre”. Si hemos llegado a estos extremos, entonces sí, ¡estamos en el horno! 

Jamás, como docente, imaginé, ni remotamente, que algún día podría escuchar estas “noticias”. Madres amotinadas en la entrada de la escuela dando entrevistas a periodistas que preguntan hasta los más mínimos detalles de lo que “se supone” ocurrió dentro de la escuela y que corren a retransmitir esos detalles, convencidos de que son quienes tienen la exclusiva de lo más escabroso que pudiera haber ocurrido.

Y si las versiones transmitidas por medio de niños (infantes de 4 o 5 años) no fueran reales, ¿qué pasa con esos docentes que han sido citados, acusados y hasta separados de sus trabajos? No estoy diciendo que nada de lo dicho no haya ocurrido, digo que la premura con que se difunden noticias graves como las antedichas, lo mínimo que habría que hacer, sería esperar a que la Justicia (forenses muy calificados e imparciales mediante) dictamine, pues de no comprobarse todo lo informado a través de los medios, esas versiones han causado daños irreparables: el descrédito de nuestras escuelas, de nuestros docentes, de las autoridades que son responsables, finalmente, de todo lo que en estos ámbitos ocurre. 

Quedo en espera, muy preocupada y ruego -aunque el daño ya se ha hecho- que los dichos a través de niños - a los que por experiencia creo y respeto- no sean más que sensaciones, fantasías o simplemente, como era común escuchar, cosas de niños...

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