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Una hipocresía


@|En estos últimos días, uno de los temas políticos fue ¿dónde viven los precandidatos presidenciales? 

Sin duda que es un tema sin valía, de poca monta y que no debería tener la menor trascendencia.

Cada uno vive en una mezcla entre lo que quiere, lo que puede, y lo que le gusta y a nadie más debería importarle. 

¿Estamos tan escasos de argumentos que para pretender descalificar a un candidato, decimos que si alguien vive en tal o cual lugar, puede desconocer la realidad?

Eso pretendió hacer la precandidata presidencial por el Frente Amplio, Carolina Cosse -que vive en Punta Carretas- cuando expresó: “Quienes viven en barrios privados viven en otra realidad”. Como si el lugar donde uno vive fuera impedimento para conocer la existencia real y verdadera de lo que nos rodea, estando más o menos cerca. 

Lo importante, lo trascendente va por otro rumbo.  

Fundamental es cambiar el estado de las cosas para mejorar, y la realidad se puede conocer de varias maneras. Hay que estudiar, leer, escuchar, asesorarse, prepararse, hacer planes, proyectarse y soñar, siempre en un trabajo en equipo, colectivo.

Los temas del país van por otro lado.

¿Qué hacemos con la educación? ¿Le seguimos buscando el ADN? ¿Estamos preparando a nuestros niños y adolescentes para un mundo cambiante y lleno de incertidumbres?

¿Y el empleo? Se han perdido miles de puestos de trabajo en los últimos años.

¿No tenemos que unir a la educación del presente y del futuro y enseñar lo que hoy se requiere para conseguir los primeros empleos? ¿Y la seguridad? ¿Cómo hacemos para revertir este grado de indefensión absoluta que tenemos los ciudadanos?

La carestía galopante, ¿vamos a seguir produciendo a costos muy altos, con un peso del Estado enorme en casi todos los productos? Esos son los temas del país, y a los cuales los precandidatos deberán darle respuesta.  

Esos temas deberían preocuparle a la precandidata Carolina Cosse, o si prefiere algo igual de contundente, que explique como una obra
- inconstitucional como el Antel Arena- llegó a costarnos a los uruguayos más de 90 millones de dólares.

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