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Gastos y sensatez


@| Nuestro pueblo sigue dando muestras de madurez cívica. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa a los orientales
Nadie duda de las buenas intenciones que albergan todos nuestros representantes, sean del signo que sean. Se declaran servidores, no feudales. Somos orgullosos referentes del mundo que nos observa, admirados de nuestra ejemplar democracia, en un clima de convulsión y mutuo recelo que circunda al planeta.

Por eso creo que los ciudadanos de a pié, además de exigir el cumplimiento de las promesas pre-electorales de unos y otros, podemos y debemos contribuir a la mejor gestión de todos ellos, sean o no de "nuestro palo", aportando ideas aparentemente peregrinas que, tal vez, tengan algo rescatable entre muchos de los postulados que deban desecharse de plano, por absurdos o impracticables.

-Si al Gobierno le va bien al Pueblo debiera irle bien-, parece ser una premisa de sentido común.

Ahora que frente al Ministerio del Interior tendremos a un hombre que, al menos teóricamente, se ha perfilado y ofrecido como decidido defensor de la seguridad pública- ¡por fin!- y en el Ministerio de Defensa tendremos un profesional médico que ya adelanta su posición de no gastar dinero en obras sin “razonar un poco más", quizás, unificando sus criterios y esfuerzos, ellos puedan analizar -para aplicar o desechar -las siguientes interrogantes, que no certezas:

-¿Debemos gastar el sudado dinero de todos en construir nuevas cárceles, cuando, virtual y potencialmente, ya las tenemos dispersas, funcionales y semi ociosas por toda la República?

- En caso de construir una hipercárcel para recluir a la desmesurada población delictiva, ¿deberá hacerse “a la antigua", centralizándola en la hegemónica Capìtal de la República o distribuirla en pequeñas unidades carcelarias en cada departamento o en cada región del pequeño país?
Si se adoptara como la opción más racional esta última, quizás deberíamos plantearnos -consenso democrático mediante- habilitar algún reducto dentro de cada unidad militar, en las cuales ya están construidos e incurridos los gastos de celdarios, vigilancia, armamento, alarmas, y, especialmente, garantía de cero fuga.

Los que penasen sus delitos, estarían lo más cerca posible de su familiares, humanizando el régimen de visitas y facilitando su reinserción en la misma comunidad que han perjudicado con su conducta.

Para concretar esta propuesta de sentido común aplicado, no hallo más obstáculo que la voluntad política de hacerlo, -si ese fuera el punto- ya que, por primera vez en nuestra amada República, accede al gobierno , y en buena lid, un partido multicolor. Tanto, que incluye a uno emanado de la tradición militar, que puede aportar lo suyo a la concreción de esta propuesta.

Que, al fin, todos somos uruguayos y entonamos el mismo himno.

Aclaro, para los más suspicaces, que estoy en las antípodas de todo despotismo y con similar firmeza, de todo nepotismo.

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