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Fútbol uruguayo


@|¿Es viable el fútbol uruguayo en la actual estructura que lo rige?
En la actualidad existen varias ramas del deporte que están estudiando e intentando diversas medidas que permitan y hagan posible reanudar, de alguna forma, la actividad de su disciplina, observando las medidas y pautas sanitarias pertinentes establecidas por las autoridades competentes en la lucha contra la pandemia del coronavirus. El turf ya “largó”, el basquetbol se encuentra bastante encaminado, ¿y el fútbol qué? ¿Qué está sucediendo?

Vemos o escuchamos cómo pasan las hojas del almanaque (mayo, junio, julio, agosto, etc.); cómo se pasean del Charrúa al Centenario; si locatario o visitante; qué dice FIFA o la Conmebol al respecto; si el dinero que llega alcanza o no para “bancar” la inactividad; el contrasentido de si es mejor no jugar para no pagar en lugar de procurar hacerlo para generar recursos, etc. Dentro de esta incertidumbre y en estas circunstancias preguntamos si este parate forzoso no será una oportunidad para repensar, o por lo menos abrir el debate, sobre la viabilidad de nuestro fútbol (referido al fútbol profesional como tradicionalmente lo conocemos) en la actual estructura que lo rige, de manera de ser sustentable en una nueva normalidad.

La AUF fue fundada en el año 1900, como Asociación Civil. Bajo su normativa se fueron integrando y asociando en años sucesivos los clubes del fútbol profesional que fueron los “amo y señor” de la misma, pues constituían el 100% de dicha asociación. La situación cambia sustancialmente en febrero de 2019, con la reforma del estatuto de la AUF, pasando los clubes de tener el 100% al 36% de participación en esa institución, la que ahora comparten, entre otros, con la asociación de jugadores de fútbol, de árbitros, de entrenadores, liga fútbol sala, liga fútbol femenino, etc. Es decir, de “amo y señor” se vuelven “súbditos” en el nuevo ordenamiento. En esta realidad, y en lo que refiere al fútbol profesional, sería necesario, vuelvo a reiterar, considerar su viabilidad en una nueva normalidad; viabilidad no del juego en sí, obvio, sino de quienes intervienen, cómo lo hacen y cómo compiten.

En este nuevo escenario cabe preguntar si no ha llegado el momento de hacer un giro de 180 grados como se hizo oportunamente con el estatuto.

Estudiar la forma de lograr clubes del fútbol profesional con una economía independiente de lo que en el órgano rector les pueda eventualmente corresponder. Con una infraestructura acorde con las exigencias del fútbol actual, planteándose un proyecto en tal sentido como lo han hecho otros (por ej. Montevideo City Torque). ¿No habrá llegado la hora de abrir más el abanico e incorporar clubes de otras plazas para sumar a Colonia, Maldonado, Canelones y Cerro Largo y no circunscribirlo mayoritariamente a Montevideo? Y dentro de Montevideo, y aquí va la sellada, por qué no analizar la fusión de clubes que por su proximidad geográfica parecería que lo ameritan, lo que permitiría instituciones más sólidas y de mayor convocatoria a sus escenarios. Se podría continuar enumerando puntos a rever para dejar de ser, de una vez por todas, un fútbol que no puede ser más de alpargatas. La selección no es un oasis, porque nuestro fútbol no es un desierto.
El debate hay que darlo, el momento es ahora.

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