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Funámbulos

Va a ser una necesidad


@|En la historia de las naciones hay momentos críticos y, para superarlos, surgen los políticos funámbulos. Ejemplos: Inglaterra 1940 y España 1976 al morir Franco.  

Funámbulo - del latín, funis cuerda y ambulare andar - tiene, según la RAE, dos acepciones: 1) Acróbata que transita sobre la cuerda o el alambre, y 2) Persona que sabe actuar con habilidad, sobre todo en la vida social y política. Uno en el circo, el otro en la política. 

El término, referido a los políticos, tiene dos connotaciones: negativa o positiva. Dice José Cisneros, político mexicano del siglo XIX: “Oirá funámbulos y farsantes políticos que lo miman y engatusan para exprimirle el jugo”. Refiere a los demagogos, que confunden circo con política. Como dos ex vice presidentes rioplatenses... 

En la acepción política pura, es el que con habilidad, capacidad y tesón, enfrenta la crisis: camina “sobre el alambre” sin red de contención. Churchill y Adolfo Suárez. Batlle en 2002. 

La hipótesis es que Uruguay requerirá un funámbulo en marzo de 2020.
Las circunstancias a enfrentar serán determinantes. No por el dramatismo bélico de Churchill o la entidad de la crisis del 2002 de Batlle. Sí asimilable a las de Adolfo Suárez, que lidió con un cambio de época: a) cerrar el ciclo franquista, b) poner rumbo - en clave democrática - a un horizonte de progreso, desarrollo y superación nacional. 

Hay requisitos mínimos básicos a atender para que en marzo 2020 no nos encuentre desorientados, mal preparados y lamentando no haber hecho los deberes a tiempo.

Hoy es época de precandidaturas, encuestas, internas, definiciones. Sea lo que sea que resulte, es razonable plantear un escenario en el que, ¡por fin!, no habrá otra mínima mayoría absoluta de la mitad más uno. Es más, probablemente ningún sector, líder o cabeza de lista tendrá más del 15% del total de votos válidos.  

El poder político atomizado. ¿Problema o bendición? ¿Dificultad o posibilidad? ¿Crisis final o principio venturoso? Creo que bendición, posibilidad y principio venturoso. El desafío será la mejor fórmula para obligarlos a buscar, sin zancadillas o dobles discursos, acuerdos que trasciendan los intereses personales, sectoriales y/o partidarios.
Es hora de superar el pensar y actuar en base al efímero - y habitualmente desperdiciado - quinquenio y lo hagamos en clave de décadas y generaciones. Tenemos que rescatar el contrato social entre los que estamos vivos, los muertos y los que habrán de nacer. 

Elijan el candidato que más les guste y jueguen con porcentajes. Hagan los números que hagan, no lograran una mayoría clara, y menos, confiable. Conclusión: Habrá que negociar, acordar y comprometerse. No en función de cargos, sí de ideas e ideales, de proyectos y programas, de controles y auditorías, de evaluación y resultados.  

Lejos estamos que este cambio surja de los políticos. Apuntan a postergar el interés nacional para después de las internas, luego orejear el resultado de octubre, y finalmente, se verá. Sus relojes retrasan, son anacrónicos.  

¿La táctica previa a la estrategia? De persistir ese talante confirmarán que no dan la talla. Se posterga el Uruguay posible que queremos, podemos y merecemos tener.

Por eso pensamos en un político funámbulo. Que tome consciencia que su mandato tendrá una endeble minoría electoral propia, por lo que estará obligado a compartir el poder, a convencer y no imponer, a mucha humildad y máxima responsabilidad. Bienvenido el parlamentarismo moderno, máxima expresión de la democracia participativa. 

Mientras, los que esquiven el desafío, también serán funámbulos, pero en la triste acepción de circo político.

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