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Que a la familia nada le falte


@| La sociedad uruguaya en su conjunto ha tenido transformaciones sustanciales y ha mutado hacia una más consumista, más insensible, más individualista, más superficial, más agresiva … con menos valores, menos códigos, menos cultura … y aquel tango interpretado de forma magistral por Julio Sosa, “siglo XX cambalache” sigue tan vigente como en los primeras décadas del 1900.

Vivimos en un país extremadamente caro, como si perteneciésemos a Europa, sin embargo somos parte de la lista de países que comprende el tercer mundo, en vías de desarrollo, con una deuda externa que alcanza los US$ 55.000.0000 y en aumento. Lo que no se explica, ¿verdad?, porque tuvimos una década de crecimiento histórico, no por los méritos de la administración pública, eso a esta altura es obvio, sino por factores externos que seguramente nunca más se repitan, tendrían que volverse a alinear todos los planetas.

Supieron derrochar y repartir sin controles todo lo recaudado, sin detenerse a pensar que todo tiene un ciclo, que en algún momento el viento para y hay que volver a remar… y cuando paró, el circo tenía que seguir, el reparto no podía parar, la locura desenfrenada del consumismo tampoco. Y así están los uruguayos, pagando viajes al exterior en 12 cuotas, cambiando el auto en 48 cuotas, bicicleteando las tarjetas de crédito, haciendo colas en las financieras… el mundo loco del consumismo, dime que tienes y te diré cuanto vales, para algunos, otros simplemente para llegar a fin de mes.

Lo más irrisorio de todo esto, es que en el período de gobierno del Sr. Mujica, el hombre descalzo, el hombre del tractor, el de la casa desprolija y la vida sencilla, que luchó afanosamente contra el consumismo materialista que provenía del norte, del viejo enemigo imperialista…, ¡en los años que él gobernó, fueron los años de mayor consumo y endeudamiento de la economía y de los uruguayos! ¡Fueron los años que más patria se vendió! Miles y miles de hectáreas vendidas a extranjeros…

En fin, cuando uno se detiene y reflexiona, mira y observa a las personas deambulando perdidos dentro de sus propios celulares, corriendo la loca carrera del mes, no vislumbra un país en serio, un país con más controles, un país más seguro, un país más culto, un país menos endeudado y más productivo, una clase política sin mentiras, sin falsas estadísticas… una sociedad con una mochila menos pesada… Sin embargo, la esperanza no se pierde, la ilusión tampoco, la voluntad menos, mira a los suyos, los abraza y sale a trabajar. Lo más importante es la familia y que a ella nada le falte.

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