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Escuela Naval: reflejo del futuro marítimo nacional


@|Soy egresado de la Escuela Naval y tengo una Maestría en Administración de la Seguridad Marítima en la Universidad Marítima Mundial, Malmö – Suecia.

Coordiné la consolidación del reporte de Uruguay relativo al Convenio internacional sobre normas de formación, titulación y guardia para la gente de mar (STCW’95). Basado, fundamentalmente, en información de la Escuela Naval fue evaluado y aprobado por la Organización Marítima Internacional (OMI). Implicó el ingreso de Uruguay a la Lista Blanca y facilitó el acceso a mercados laborales internacionales.

Trabajé (muchos años) en la OMI (organismo especializado de las Naciones Unidas responsable de la seguridad y protección de la navegación y de prevenir la contaminación del mar por los buques) con responsabilidad, entre otras, de planificar, implementar y ejecutar proyectos (nacionales y regionales) de asistencia técnica a sus Estados Miembro.

Actualmente soy consultor internacional para OMI, regiones, países e industrias.

Sé del esfuerzo en educación de países, y regiones, pretendiendo desarrollar y consolidar sus ámbitos marítimos y proyección internacional.

Recientemente se han reiterado versiones respecto a la idea de vender, total o parcialmente, el actual edificio (Miramar) y predio donde funciona la Escuela Naval y un importante proyecto educativo marítimo.

Personalmente no encuentro inconveniente en que se considere un cambio de sede. Ya ocurrió en 1968 cuando este instituto de formación de marinos (creado en 1907) se mudó desde la calle Sarandí.

Conocer respecto al proyecto de enajenación de Miramar evitaría especulaciones o malas interpretaciones. Seguramente reflejará el mandato de la política marítima nacional y aporte conclusiones que justifiquen la recomendación (idea) de enajenar.

La ausencia de proyecto y/o proceso de toma de decisión, sería una acción (enajenar) que no considera (pretendida o no) la reducción de las capacidades del instituto de formación (único a nivel universitario en Uruguay) o del proyecto educativo marítimo desarrollado en su entorno. El potencial impacto negativo afectaría al ámbito marítimo nacional, y revertirlo requeriría de esfuerzos, probablemente, tampoco evaluados.

Quizá la idea original fue obtener recursos para lograr exactamente lo opuesto, el mejoramiento del proyecto educativo y su impacto en lo económico, social y político. Objetivos de excelencia y sostenibilidad educativa, que faciliten el acceso masivo a la misma a fin de fomentar, desarrollar y consolidar el potencial marítimo nacional y su proyección internacional.

Que reconociendo a la educación como soporte integrador imprescindible para nuestro ámbito marítimo, pretendiera, además: promover el desarrollo de la conciencia marítima; contribuir a facilitar el acceso a mercados laborales sostenibles; o promover el desarrollo e incorporación de tecnologías.

La decisión respecto a la educación marítima (Escuela Naval) reflejará la idea del futuro marítimo a que se aspira. Indicará el interés y conocimiento en esta materia que tiene el ámbito político (y/o sus asesores), además del plan, política, objetivos y estrategia marítima, o la ausencia y desinterés en desarrollar los mismos.

Decisión motivadora, o no, para la industria, incorporación de nuevas tecnologías, inversores, generadores de fuentes de trabajo (nacionales e internacionales) con su posible impacto en lo económico, social y político, así como también en el “efecto derrame” sobre la industria, servicios y trabajos no directamente vinculados al quehacer marítimo.

Mensaje también para el ámbito internacional (donde el espacio libre será ocupado inmediatamente por otro) sobre los estándares nacionales (a los que se ha comprometido el país).

Reflejará el interés en proponer, potenciar, y consolidar el ámbito marítimo nacional promoviendo la excelencia del nivel de educación como base de un proyecto marítimo nacional.

Sabremos si Uruguay aspira, o no, a tener un futuro marítimo proyectado, sólido, integrador, creíble y sostenible.

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