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Una entrevista que suma


@|Si por muestra basta un botón, recomiendo la lectura de la entrevista que el semanario Voces le hizo a la vicepresidente Beatriz Argimón en el N° 756 del 23/9/2021.

Sirve para comparar la diferencia entre dos gestiones de gobierno tan cercanos geográficamente y tan separados y distantes conceptual y actitudinalmente como son el uruguayo y el argentino.

Es tan abismal el contraste que existe entre esas dos maneras de concebir el manejo del poder, las relaciones entre los distintos poderes de gobierno, las relaciones entre un presidente y el vice, y los vínculos de ambos con los demás órganos del Estado, que cuesta creer que algunos argentinos y uruguayos tengamos por momentos incluso un mismo idioma…

Después de leer respuestas como “…acá el presidente es mi presidente …o no es un controlador… controlar es otra cosa… lo que es Luis es un gran conductor… el Parlamento nunca dejó de funcionar… hay respeto por la libertad del otro … o mi presidente no es soberbio, no te lo permito…”.

Después de constatar que se va a seguir trabajando con ejes temáticos y con voluntad de hacerlo en equipo con todos los partidos políticos y otras organizaciones. De afirmar y defender que la libertad implica que todo el mundo se entere de los puntos en los que hay discrepancia; que cuando alguien no está de acuerdo lo diga y se exprese, pero a la vez, que exista la posibilidad de diálogo y de negociación.

Cuando se leen expresiones que apelan a no subestimar a nadie, a defender con argumentos fuertes y convicción lo que cada uno piensa y cree; cuando se invoca la necesidad y la importancia de retomar los debates para informar más y mejor a la ciudadanía.

Cuando se aspira a lograr que el gobierno deje como estela y huella profunda una conducción económica ordenada y un país más abierto en términos de búsqueda de mercados.

Cuando se dice con firmeza y coherencia (y hasta con humor) qué significa realmente vivir en democracia y qué reflejan y siembran las pseudo-democracias camufladas, disfrazadas y oprobiosas.

Entonces, después de todo ello me surgen dos reflexiones:

a) ¿Cómo sorprenderse si miles de personas del otro lado del Río de la Plata están planificando y añorando su radicación en nuestro país en cuanto puedan hacerlo?

b) En estos tiempos de cambios tan radicales como innovadores, ¿no será también el momento de repensar el global funcionamiento de nuestros partidos, tan partidos y desunidos en aspectos que no son esenciales, para apuntalar y unificar cada vez más una sólida y mejor coalición republicana?

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