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¿Quién nos entiende?


@|El Coronel Lorenzo Latorre decía de los uruguayos que eran “in-gobernables” y un siglo después el Dr. Jorge Batlle decía que éramos “fantásticos”. Combinando ambas expresiones podríamos decir que somos “fantásticamente ingobernables”.

Resulta que no hay caso. Nada nos sirve. Por todo tenemos que protestar y por todo tenemos que estar en contra. Más precisamente, cuando nos conviene, protestamos y hacemos gárgaras de libertad, de autonomía y anomia. Desobedecemos cuanta norma o recomendación nos llega; y cuando no nos sirve esa libertad responsable, pedimos, más bien, exigimos y reclamamos a viva voz que el Estado nos proteja totalmente, que nos indique hasta el mínimo detalle cómo debemos actuar y proceder en nuestra vida cotidiana.

Si nos conviene, armamos fiestas clandestinas, organizamos concentraciones o marchas de protesta contra todo y contra todos los que no piensan como nosotros. Pero si nos sirve también, le pedimos al Estado y gobernantes de turno que asuman la postura más paternalista posible, en todas las actividades de nuestro diario vivir y convivir, exhibiendo y exhalando una adolescencia intelectual, cívica y tardía que nunca termina.
¿Se nos aconseja vacunarnos? Desconfiamos y nos oponemos porque sospechamos conspiraciones y manejos foráneos e imperialistas.

¿Se habla de manejarnos con prudencia y ejercer la libertad responsablemente? Nos burlamos y jactamos de hacerlo “a nuestra manera” porque nuestra maldita viveza criolla nos hace creer que somos más listos e inteligentes que el resto.

Es cierto que faltan brazos y también faltan conexiones más rápidas y eficientes para agendar las vacunaciones. Pero en vez de protestar y reclamar caprichosamente porque ahora sí nos queremos vacunar, tengamos paciencia, calma y sentido común para que todos los que quieran hacerlo, se vacunen cuanto antes pero ordenadamente, sin aglomeraciones innecesarias ni caos que pueden disparar más y peores contagios.

En el fondo de las cosas, ya somos adultos y sabemos lo que tenemos que hacer. Sucede que una cosa es saberlo y otra actuar en consecuencia y con coherencia.

Latorre y Batlle tenían mucha razón…

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