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Encuestas tendenciosas


@|En 1936, George Gallup y su nueva organización lograron el reconocimiento nacional en EE.UU., gracias a que predijo correctamente a partir de las respuestas de sólo 5000 sujetos, el resultado de las elecciones presidenciales de ese año.

A partir de entonces, los sondeos electorales se han convertido en uno de los temas de mayor interés periodísticos durante las campañas proselitistas. A tal punto llega lo anterior, que se ha llegado a decir que los ciudadanos viven durante el período electoral con el estetoscopio detrás de la oreja, atentos a toda pulsación de los humores populares.

La pregunta que se plantea inmediatamente es la de determinar si las encuestas influyen o no sobre el comportamiento electoral de los ciudadanos.

Ha sido comprobado que cuando a través de una encuesta alguien tiene conocimiento de las opiniones de los demás, consciente o inconscientemente, se pone en marcha en su mente un mecanismo de reacción que se traduce, según las circunstancias concurrentes, bien en un refuerzo, bien en una inhibición o retracción de las propias ideas y opiniones.

Es decir que las encuestas electorales son un factor, más o menos poderoso, de influencia sobre la decisión electoral de muchos ciudadanos.
Si bien los efectos de las encuestas electorales a través de la historia han sido variados, quiero detenerme en dos de ellos que apuntan principalmente, aunque no en forma exclusiva, al grupo de los indecisos:

1) Efecto de apoyo al ganador, en que la predicción por los sondeos del triunfo de un partido lleva a muchos electores a tomar el tren de la victoria en marcha, es decir, a votar por el partido o candidato que, según las encuestas, aparece como probable vencedor, con el fin, quizás, de sentirse responsable de su triunfo o, simplemente, de compartir con él la gloria del éxito.

2) Efecto de apoyo hacia el que sube, también denominado como efecto bola de nieve, se revela en la tendencia a votar al partido que, de sondeo en sondeo, no cesa de subir en intenciones de voto. Jean-Pierre Cot y Pierre Gaborit han expresado su origen con gran precisión: No es rentable publicar sondeos que den en todo momento el resultado óptimo; la presentación de los resultados en constante progresión es preferible, pues ofrece la imagen de un candidato que consigue imponerse y cuya marcha hacia el éxito no se interrumpe por nada.

He elegido esos dos efectos de las encuestas sobre los electores porque se hace evidente, como la gran mayoría de ellas sin ninguna razón que lo justifique, ponen al frente de sus encuestas al partido de gobierno, segundo lejos en las internas de junio a pesar de haber tenido una interna disputada por cuatro precandidatos, lo que no sucedió el 2014 y que en aquel entonces justificaba su recuperación en el interregno entre las consultas.

Por otra parte, y sintomáticamente, hacen aparecer al Partido Colorado con un crecimiento que de un tercer puesto en las Internas, muy alejado del primero; el Partido Nacional, hoy estaría amenazando el segundo puesto de los nacionalistas con un margen muy estrecho entre ellos. Resumiendo, la mayoría de las encuestadoras, por no decir todas, pretenden influir sobre el electorado a fin de que se produzca, principalmente sobre los indecisos, el efecto de apoyo al ganador con el Frente Amplio y el efecto bola de nieve con el Partido Colorado, con un tercer efecto indirecto de tijera sobre el Partido Nacional.

Parafraseando a Mark Twain, hay tres tipos de mentiras: mentiras, grandes mentiras y …las encuestas.

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