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Los emporios del poder


@|Reparando en lo que acaece en los monopolios estatales, es notorio el desgaste temporal, la falta de provecho y progreso; llevado a situaciones que el tiempo, el desinterés de dichas dependencias conducen a pérdidas y costos que tiene que sufrir el uruguayo.

Ciertamente que los mismos cumplieron, en un inicio, su función de defender el patrimonio nacional. Pero la creación del ente autónomo fue y es una catapulta para colocar allegados a los diversos grupos de poder. A su vez, bajo el popular “total no es mío”, a nadie le importa qué pasa dentro de esas paredes que les separan del resto del país.

Hay entes que sí deberían defender el patrimonio nacional a fin de no ser rehenes de otros intereses. Más no es posible que bajo la etiqueta de monopólico hagan y deshagan a piacere, a costas del usuario; partiendo del problema de la falta de profesionalismo nacido de la repartija política y su veta para cosechar votos o colocar “amigos”.

De esta manera, llegamos a las situaciones harto conocidas en Ancap, UTE, OSE, AFE; solo ejemplos de malas gestiones, que siempre las va a pagar, porque “total no es mío”, el pueblo. Poco se sabe qué ocurre allí dentro de enjuagues y jugarretas conocidas o se suponen.

Su creación tuvo la finalidad de crear fuentes de trabajo en momentos de la postguerra. Pero lo obtenido es un monstruo que todo lo engulle para sobrevivir en lugar de invertir para mejorar la nación.

Es obvio que a esa carreta se subieron los sindicatos y las fuerzas populistas que aplauden vivir de mamá Estado, sin que se rindan cuentas. Quienes, cuando se piden resultados, o no se acuerdan o desaparecieron; sumada a una ensalada verborrágica que culpa a la oligarquía del causante de dichos males.

Ello hace que el uruguayo deba pagar todo más caro que otros países, a veces excusados en que “cumplen un bien social”, no entendiendo que se tira de la colcha, que es corta, destapando otro mal. Hay que comprender que, si terceros en la vida privada pueden obtener beneficios en el mismo terreno que algún famoso “ente”, evidencia que la falta está en que éste no funciona convenientemente. ¡Vaya si habrá historias al respecto! Vale decir, ¿no sería bueno que eficiencia, rentabilidad y cumplimiento de la función también se aplicaran en los “entes autónomos? ¿O son una republiqueta aparte, que hace lo que se les antoja dentro del país?

Si progreso es lo que queremos y esperamos, esas palabras que parecen malditas, tienen que ser reflotadas para que el país funcione, protegiendo y cumpliendo sus objetivos.

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