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Los embotados bombacheros


@|Las historias que hay sobre “los mostradores de copas” son millones. En lo personal, soy hijo de “bolichero”, y además llevo sobre el lomo, muchas jornadas como tal. Recuerdo a muchos de aquellos “parroquianos” que asiduamente decían presente en la entrañable cantina y que por supuesto, volcaban a diario, el alimento anecdotario. 

Por los setenta y pico, un ente estatal, resolvió realizar una tarea en Minas, en la que comprometió casi todo el personal de la región para dicho fin. Entre esos funcionarios, conocí un “petiso compadrito”. Era retacón físicamente, pero de muy buen carácter. Siempre atento y respetuoso. Para esos años, yo rumbeaba hacia la adolescencia y de tarde, intercambiaba charla.  

Afeitado siempre, con el bigotito al estilo  “Vincent Price”, su tranco, era lento, casi siempre su mano izquierda en bolsillo de pantalón. El humo del “Republicana” se mezclaba con una fuerte loción “de afeitar”, que según él la compraba en Casa Saúl. Provenía de aquella época, de la que ya, no vendrá. La de tonos tangueros, de las milongas, de las guitarras, bandoneón y pebetas.

Pero, de algo estoy seguro, que el encuentro en mi vida con Isidro Barreto fue por algo.

Y hoy, al posar frente al espejo, recuerdo esos años, “años que no volverán” como dijera Gardel y sonrío, porque nadie me va a quitar lo “bailao”.
Se diferenciaba de otros funcionarios, decía que venía de la tierra y del arado. Que nunca había tenido la suerte de tener unos pesos juntos. Que venía del campo, “de campo adentro”. De vivir sin electricidad, sin agua potable y ni siquiera un simple piso de baldosas.  

De tomar vineta casera, hecha por sus manos, de esos racimos, que nunca maduraban el cien por ciento y que colgaban de un viejo arcón de madera del patio, “minao de gorriones”. 

Es que paisanos eran los de antes, y la “Negra Mercedes Sosa” hoy me diría ¡cambia todo cambia!  

Y usted que está leyendo esto, dirá, ¿a dónde se dirige con esta carta?
Es que me enteré hace unos días, que en el proyecto de Ley de la Rendición de Cuentas del Poder Ejecutivo, el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, pretende solicitar a la Dirección General Impositiva información sobre los ingresos de personas físicas y formalizar un Registro de Productores Familiares.

Un registro más fidedigno, real y mucho más “seguro”, para ir transitando en políticas diferenciadas hacia la producción familiar y evitar que algún “pícaro paisano” trate de evadir los controles. Es decir, se pretende verificar y contar si los beneficiarios de esa definición cumplen con los requisitos de no tener ingresos extras, y que lo declarado, sea la verdad. 

Formalizar y dar la oportunidad de ingresar al padrón de pequeños y medianos productores familiares, fue el objetivo de las autoridades.
Pero según el Semanario Búsqueda, la Dirección de Desarrollo Rural, ha encontrado fallas en el control y aparentemente, se pudieron haber colado algunos paisanos, llegando a refrendar la vieja frase: “la auténtica viveza criolla”. Se dice que ya hay indicios de sospecha de algunos casos que aparentemente están incumpliendo con los requisitos; como por ejemplo el de los ingresos extra prediales. A su vez, el productor debe dedicarse a esa actividad en la superficie declarada y residir en la explotación o al menos, residir en hasta unos 50 km de distancia del predio.  

Se ha señalado que el propio MGAP se encuentra en el camino de hacer hincapié en la importancia de que los productores deban cumplir estrictamente lo pactado y por ende con las obligaciones a flor de piel, para que puedan tener los beneficios y apoyo oficial, pero, si los productores no declaran la verdad y ocultan ingresos, le caerá el peso total de la ley, y ahí si estoy en un total de acuerdo en que “vayan a llorar al cuartito”. 

En estos últimos tiempos, hemos escuchado que hay una lista de casi cien “colonos” que no son “colonos”, hemos escuchado a “camperos de un movimiento que no son tan camperos”, y parece que hay “productores familiares que no son ni productores ni familiares” y para estos también debería aplicarse alguna norma, aunque ya la gran mayoría va conociendo que estos son “embotados bombacheros vanidosos milongueros baratos”, como decía “Barreto el compadrito” cuando se tomaba un par de “espinillares” sin hielo.

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