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De la Embajadora de la República de Armenia


@|Turquía es el único responsable del segundo genocidio del pueblo armenio, que 105 años después del primero del siglo XX, se está cometiendo en estos momentos en Artsaj (Nagorno-Karabaj), en el Cáucaso Sur. En 1965 Uruguay fue el primer país del mundo en reconocer y condenar aquel crimen de lesa humanidad. 105 años después, Turquía sigue negándolo, y mientras dirige los asesinatos en masa que comete en estos mismos momentos su protegido Azerbaiyán, el 15 de octubre su embajada publica descaradamente una carta en el diario “El País” de Montevideo.

No hay palabras para describir este atrevimiento turco, que desde Buenos Aires se burla de la opinión pública uruguaya y acusa a Armenia de agresión contra su discípulo Azerbaiyán. La realidad es que las fuerzas armadas turcas de Azerbaiyán están atacando a los armenios con armamentos e instructores turcos de Turquía, que tiene el segundo ejército más numeroso de la OTAN. ¿Puede faltarse tan profundamente a la verdad como para acusar a la nación víctima del genocidio de 1915 y del actual de haber iniciado la agresión y desarrollar una campaña de desinformación?
¿Puede afirmarse impunemente que el liderazgo armenio se vuelve cada día más histérico? ¿Si un país cometió un genocidio de un millón y medio de víctimas hace 105 años y ahora apoya explícitamente otro genocidio no se trata de un acto sin precedentes en la historia mundial? La participación turca en el terreno y la de mercenarios llevados al campo de batalla por el país que representa la Embajada de Turquía no son acusaciones de la parte armenia sino pruebas de países y organismos preocupados por la presencia de terroristas radicalizados en un conflicto local.

El Presidente de Azerbaiyán acusó a todos los armenios del mundo, a los miembros de todas las comunidades armenias del mundo de ser sus enemigos. Ahora la Embajada de Turquía acusa a la diáspora armenia de emprender una campaña de desinformación. ¿Esto es pura coincidencia? ¿También fue casual que en sus discursos de hace unos días ante la 75ª Asamblea General de la ONU los dos difamaran a Armenia por su rol en el Cáucaso Sur? Turquía y Azerbaiyán totalizan una extensión de casi 900 mil km2 con alrededor de 100 millones de habitantes. ¿Alguien puede creer que Armenia y Nagorno-Karabaj, con 40 mil km2 y tres millones de habitantes puedan desatar un ataque contra la alianza de muerte de turcos de Turquía y turcos de Azerbaiyán?

Sin límites en su indiscreción, la Embajada de Turquía reitera oficialmente que “Turquía brinda y seguirá brindando un fuerte apoyo político y moral a Azerbaiyán”. ¿El odio, el resentimiento y el estigma de ser un estado genocida puede inducir a decir semejantes improperios contra la paz, la vida humana y el destino de un pueblo que solo aspira a seguir viviendo en paz en sus territorios milenarios? Armenia es un país pequeño, sin salida al mar y sin recursos naturales. Los estados de estas características solo pueden basar su existencia en la adhesión a la paz y la solución pacífica de los diferendos, sobre la base de los acuerdos internacionales. Solo los poderosos como Turquía pueden alentar el odio, la muerte y la destrucción.
Mencionar documentos arbitrarios no oculta el empeño turco en consumar un nuevo genocidio, en el marco de un mundo preocupado por una pandemia sin precedentes. La maldad de los poderosos nunca ha tenido límites, tampoco ahora. En 1915, Turquía cometió el genocidio armenio en el marco de la primera guerra mundial; los nazis el holocausto judío durante la segunda guerra. Los criminales de lesa humanidad siguen aprovechando la distracción del mundo.

El 24 de Abril de 2015, en el Palacio Legislativo de la República Oriental del Uruguay, se realizó el acto central del centenario del genocidio armenio. Presidió el acto el Presidente Uruguayo, Tabaré Vázquez, y asistieron los ex presidentes Julio María Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y José Mujica. Es y será la mejor respuesta a las insolencias de Turquía y a su falta de respeto al pueblo uruguayo y a la conciencia de la humanidad.

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