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De la Embajada de la República de Turquía


@|Desde el ataque inicial del 27 de septiembre de 2020 llevado a cabo por las Fuerzas Armadas de Armenia con artillería y cohetes de gran calibre contra las posiciones de defensa y los asentamientos civiles de Azerbaiyán en flagrante violación del alto el fuego a lo largo de la Línea de Contacto en Nagorno-Karabaj, así como, del Derecho Internacional, Armenia con la ayuda de su diáspora, también ha emprendido una extensa campaña de desinformación con el fin de desviar la atención de su ocupación ilegal y presentarse como víctima. Ante la posibilidad de una retirada forzosa de los territorios que ocupa desde hace 30 años, el liderazgo armenio se vuelve en sus reacciones cada día más histérico. Además de relacionarlo con los sucesos de 1915, como siempre intentan hacer, los armenios también están tratando de retratar este conflicto como un ataque al cristianismo y un nuevo “genocidio” para conseguir el respaldo del mundo cristiano.

Las acusaciones armenias sobre la participación turca en el terreno y los llamados "mercenarios” desde el exterior son infundadas e irracionales. Tanto Azerbaiyán como las autoridades competentes de Turquía, han rechazado total e inequívocamente esos inventos.

Turquía brinda y seguirá brindando un fuerte apoyo político y moral a Azerbaiyán. Sin embargo, Turquía no es parte de este conflicto y no se encuentra presente en el campo de batalla.

Se observa con gran preocupación que además de su campaña de desinformación, en un estado de desesperación frenética, a pesar del alto el fuego alcanzado el 10 de octubre con fines humanitarios, Armenia está intensificando sus ataques contra la población civil y la infraestructura en Azerbaiyán lejos de la zona de conflicto. Las fuerzas armadas armenias con artillería de largo alcance y fuego de cohetes están teniendo como objetivo a las principales ciudades de Azerbaiyán como Gence, Mengiçevir, Abþeron, Hýzý, Terter, Berde, Beylegan.

Los ataques armenios, que constituyen una clara violación del derecho internacional humanitario, en particular, de los Convenciones de Ginebra de 1949, han causado numerosas muertes entre la población civil, dejando heridos y edificaciones damnificadas.

Cabe señalar que con estos ataques, Armenia también apunta a los oleoductos y gasoductos amenazando la seguridad energética de una región más amplia, incluida Europa.

Al enfocar sobre las ciudades fuera de las tierras ocupadas las que en realidad pertenecen a Azerbaiyán, Armenia tiene como propósito provocar que Azerbaiyán tome represalias contra Armenia. Armenia espera ampliar el conflicto para llevar al teatro a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC).

Los recientes ataques de Armenia al embalse de la represa de Mingechevir y de la central hidroeléctrica, así como, a las zonas residenciales civiles de Gence -la segunda ciudad más grande de Azerbaiyán-, dan muestra de hasta qué punto puede llegar la agresión de Armenia. Como lo ha hecho siempre, Azerbaiyán está decidido a permanecer del lado correcto del derecho y de las normas internacionales, sin ser provocado por estas agresiones y mantener sus contraoperaciones limitadas a sus fronteras reconocidas internacionalmente, lo cual es digno de reconocimiento y plenamente apoyado por Turquía.

Turquía no quiere conflictos ni guerras justo en frente de sus fronteras y en su región.

Sino que la paz que necesita sea duradera y justa. De lo contrario, tendremos lo que tuvimos durante 30 años: una constante inestabilidad y evasiva para una solución duradera. Para lograr la paz regional, Armenia debe dejar atrás sus ilógicas y ridículas reclamaciones territoriales a Turquía, Azerbaiyán y Georgia.

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