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Un elefante en un bazar


@|El procedimiento policial o parapolicial de persecución con vehículos a delincuentes hay que revisarlo urgentemente por las autoridades pertinentes. En ciudad principalmente y en carreteras también. 

Han sucedido daños colaterales graves. Este protocolo de respuesta (si se puede llamar así) ha cobrado muchas vidas inocentes. 

En primer lugar, por el uso de armas de fuego. En segundo lugar, por las armas mortales que significan esos rodados desbocados que en la huida no respetan semáforos, ni flechas, ni pasos de escolares, ni cebras, ni veredas, ni ferias. Ellos, jugados a cara o cruz se llevan puesto lo que venga. Así, persecutores y perseguidos en la vía pública causan el mismo efecto que lo haría un elefante en un bazar. 

En febrero de 2017, ruta 1, km 48, en persecución nocturna, los “infractores” tomaron a contramano en la ruta y a 120 km/hora colisionaron de frente con un auto donde viajaban turistas argentinos (matrimonio y dos niños de 2 y 5 años) que pagaron con su vida el estar en el lugar equivocado. Ahora “le tocó la bolilla” a un turista brasileño, pero lamentablemente los ejemplos se multiplican.  

En otros países hace tiempo se usan helicópteros equipados con alta tecnología, provistos con cámaras de largo alcance que actúan coordinados con tierra en operaciones persecutorias con el objeto de minimizar el riesgo ciudadano. Quizá la captura sea más lenta, pero más que el apuro en recuperar el botín o apresar al delincuente con premura, es seguir la ruta con certeza y lo primordial cumplir con eficiencia lo que manda la Constitución: proteger al ciudadano.

Como siempre venimos varios pasos atrás; seguramente las aeronaves las usarán primero “los conocidos de siempre”.

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