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¿Para qué elecciones internas? 


@|Cada vez que se llama al pueblo y a los cuerpos electorales de los partidos políticos a las elecciones internas, se aprecia una progresiva disminución de la cantidad de votantes, tanto que en esta última comparecencia sólo respondió un tercio de los esperados.

Al influjo del desinterés y desencanto motivados por la baja calidad política de los representantes y a fuerza de campañas tan sucias como paupérrimas, se suma ahora otro fenómeno desalentador que es la ruptura entre la voluntad del soberano y la de la clase política.

Conflicto de poderes muy sutil casi imperceptible, que es disimulado por el desinterés y por las pasiones del clima electoral que a muchos enceguece.
El principio de la democracia es el gobierno del pueblo; “demos” significa pueblo y “cracia” es el poder o gobierno. Algo tan básico, elemental y fermental para muchos, pero quizás hasta nuevo, curioso y de impacto para otros incluyendo a la clase política y los millenial al poder.

Cuando el soberano decide, su decisión se acata sin matices ni cuestionamientos, sin discrecionalidades ni sesgos u opiniones. Ese es el fuero popular que define la calidad real de la democracia, no la calidad aparente que está en el discurso electorero de los líderes políticos, muchos de ellos autolegitimados y autoproclamados.

Si la clase política actual y la futura va a decidir con discrecionalidad las decisiones supremas del soberano, entonces se estará asestando una herida profunda a la raíz misma de la democracia.

A menos que los políticos del siglo XXI sean capaces de crear una nueva versión de la democracia, que hasta serían capaces de llamar como neodemocracia políticamente correcta o democracia indirecta y asistida, que se parecería más a una desdemocracia.

Si eso va a ser así, entonces habrá llegado el momento de eliminar las elecciones internas y que los candidatos a la presidencia sean nombrados directamente y con la más libre y criminal discrecionalidad por los organismos de conducción de los partidos políticos se llamen Directorios, Mesas Políticas o Presidencias o Convencionales.

¿Para qué seguir gastando inútilmente el dinero público en financiar elecciones internas si la decisión surgida de las urnas no será acatada por el sistema político?

Con la democracia no se hace populismo, con la democracia no se juega, con la democracia no se busca el acceso al poder pues quien hace populismo, juega y busca el poder sirviéndose de la democracia no merece ser considerado candidato.

Los parlamentarios, diputados y senadores gozan del extraño "privilegio jurídico" de los fueros para defenderse del pueblo al cual supuesta y paradojalmente representan y al pueblo, ¿qué o quién lo defiende de los falsos demócratas que con discrecionalidad descalifican la decisión soberana? ¿Lo defiende la ley? Pues no, porque los fueros parlamentarios la inhiben. ¿Lo defiende la Constitución? Pues no, porque la Carta Maga no es un código penal ni civil.

Lo mejor, lo más honesto, lo más transparente, lo más verdadero y genuino para los políticos y para el pueblo es eliminar las elecciones internas ya; que entre el desinterés popular y la desconstrucción de la democracia que realizan los partidos políticos ya no tienen más sentido, objeto ni propósito.
Solo faltará ver a futuro que los próximos presidentes electos sean nombrados de manera directa por los partidos políticos en contra de la decisión del pueblo y será ese el día en que la democracia habrá caído a manos de los falsos demócratas y falsos republicanos...

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