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Estado y dogmas


@|Dogma: Punto esencial de una religión, una doctrina o un sistema de pensamiento que se tiene por cierto y que no puede ponerse en duda dentro de su sistema. 

Analizaré situaciones en que el Estado uruguayo estuvo vinculado con un dogma y adelanto que se trata de dos situaciones bien diferentes por su condición y origen. 

La casi totalidad de los primeros habitantes de nuestro territorio provenían de aquella Europa con centenaria monarquía católica y en la primera etapa a partir de nuestra independencia, la mayoría de los ciudadanos y las primeras autoridades que fueron surgiendo naturalmente, estaban relacionados con la religión católica. 

El Estado, a partir del 24 de agosto de 1877, da su primer paso y realiza un profundo cambio en la enseñanza pública, independizándola del dogma religioso, además de hacerla obligatoria y gratuita. 

A partir de la aprobación de la Constitución de 1918, en su artículo 5 se establece que “Todos los cultos religiosos son libres en el Uruguay. El Estado no sostiene religión alguna”. 

Este ha sido el proceso histórico uruguayo con respecto a esa relación entre Estado y dogma. 

Actualmente el Estado uruguayo está inmerso en una segunda situación de vinculación dogmática, pero de muy diferentes características. 

A partir el primero de marzo de 2005, el Frente Amplio accede al gobierno y a lo largo de los trece años transcurrido, ha ido incrementando sin prisa y sin pausa la contaminación del Estado que dirige, con el dogma ideológico aportado por el comunismo y los tupamaros. 

La acción del perseverante comunismo fue lenta y comenzó con la infiltración en la educación y en los gremios. La educación, que fuera la primera inquietud del Estado por desvincularla del dogma religioso, fue la principal meta de largo plazo del comunismo y paralelamente fueron los gremios las víctimas del apartamiento del régimen democrático. 

En la década del 60 del siglo pasado surgen los impacientes tupamaros, con la misma meta de llegar al poder, pero por un diferente dogmático camino y por lo tanto ambos opuestos a la esencia democrática y republicana de nuestro Uruguay. 

Si bien los tupamaros fueron derrotados por el Ejército antes de 1973, una vez liberados en 1985, debieron esperar para que se aceptara su inevitable incorporación al Frente Amplio, donde para sorpresa de muchos, se constituyeron en la mayoría, mientras la minoría comunista con su estructura y experiencia centenarias sigue adueñada de las bases y si bien fueron decayendo en apoyo popular, siguen dominando gran parte de la interna frenteamplista. 

Como resultado de este proceso, amparado en mayorías parlamentarias, el gobierno de estos tres últimos períodos fue impregnando con su dogma a toda la estructura del Estado con el importante e indebido apoyo de los gremios de educadores y trabajadores. 

Henos aquí ante el desafío de volver a separar el Estado del dogma, en este caso ideológico, pero esta vez se logrará esa desvinculación por la vía del voto, desplazándolos del gobierno en el que han actuado con claras manifestaciones antidemocráticas, tanto en la forma de conducirse desde el ejecutivo, como en el accionar del parlamento, socavando el poder judicial y aprobando el accionar de gobiernos extranjeros con dictaduras de izquierda. 

Esta tarea se ha transformado en un obligación moral.

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