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Distinta visión de la misma profesión


@|Las relaciones interpersonales y la calidad de la convivencia social ha cambiado.

Ha aumentado la intolerancia, la falta de autocontrol. No existe ciudadano, profesional, personalidad que no esté sujeto a algún tipo de atropello con distintos niveles de consecuencias.

Padres que se rebelan contra maestros, profesionales de la salud amenazados por familiares de sus enfermos, médicos que no pueden acceder a ciertos zonas porque temen por su seguridad, son algunos ejemplos.

Afortunadamente, en nuestra sociedad hay también ciudadanos que sus obras escriben otras noticias, que cambian totalmente la visión pesimista y oscura de lo relatado anteriormente.

En nuestras aguas territoriales y a 20 millas de la costa de Montevideo llega un crucero, Greg Mortimer, con un número importante de pasajeros y tripulación contagiados y enfermos por el Covid-19.

Un imprevisto nuevo para este gobierno y un desafío; cómo actuar, cómo responder a un pedido humanitario de ciudadanos extranjeros, varados varios días en un área bajo nuestra jurisdicción.

No es necesario escribir nada sobre cómo respondió Uruguay desde sus distintos Ministerios, frente al conocimiento de lo que se vivía en el crucero, una pesadilla sanitaria.

No es necesario escribir nada, porque hoy el mundo sabe cuán humanitario fue Uruguay a través de las expresiones de los agradecidos viajeros y sus familias, como también de los gobiernos de sus países.

Realmente destacable la respuesta del personal médico y enfermeros que se dirigían al “ojo de la tormenta”.

No cuestionaron si les correspondía o no actuar, porque ya habían pasado por otros puertos. No cuestionaron poner en riesgo su salud y consecuencias personales y familiares. Sólo los lanzó un espíritu de grandeza de quienes abrazan profesiones donde el factor humano es lo primero, a pesar del estado del campo de batalla donde se tengan que desempeñar.

Así se fueron los asistidos por este personal: improvisaron banderas que decían ¡Gracias Uruguay!; besaron nuestro suelo y prometieron volver.
Los médicos, personal de salud y todos los colaboradores en la tarea, fueron ovacionados por un grupo humano agradecido.

Pero no todo lo que brilla es oro.

Hoy, en nuestro país, hay un grupo de médicos en distintas zonas, que abandonan el barco durante la mayor tormenta sanitaria de su país; por compañerismo, por obediencia partidaria, por inflexibilidad, cuando hay cambios de autoridades; ¿desestabilizar al gobierno con una medida planificada y en grupo de presión y renuncia? ¿Qué causa tan válida hay para tomar esta medida?

Me cuesta unir las dos realidades que muestran ciertos ciudadanos de nuestro Uruguay humanitario. Cuesta creer que un grupo de médicos frente a un momento histórico para el país y el mundo, en pleno transcurso de una pandemia, obliguen a las nuevas autoridades a distraer el tiempo y energía en otros temas que no sea la urgencia sanitaria.

El actuar así induce a tener una diferente visión de una misma profesión, debido a que debajo de la piel humana de los que la ejercen, hay un corazón.

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