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Discriminación selectiva


@| Es muy triste que en un país como el nuestro, con un rico pasado de vasta cultura y educación haya que hacer este tipo de precisiones. Pero como educadora no puedo dejar que pase por alto.

Es desalentador que un jerarca del gobierno haga declaraciones discriminatorias contra un colega extra-partidario, clasificándolo como “rico” con el propósito de descalificar sus posibles aptitudes para hacerse cargo de un futuro gobierno de la nación. Porque además de una flagrante falta de respeto, encierra un grueso error de concepto.

La discriminación es actualmente utilizada como “caballito de batalla” de muchas campañas tanto sociales como políticas. Y sin duda, es educativo señalarla y combatirla. Pero no podemos dar el paso en falso de creer que discriminar, si bien es en general algo “malo”, puede convertirse sin embargo en algo “bueno” cuando nos conviene utilizarlo como instrumento para desacreditar a un adversario.

Si bien existe una distorsión remanente de nuestro pensamiento cultural, que nos predispone a asociar de manera abstracta la pobreza y la riqueza con la honestidad y la deshonestidad en forma correlativa, estableciendo una especie de “regla de oro”, lo cierto es que la “honestidad” de los pobres, así como la “delincuencia” de los ricos no es una verdad axiomática. Ser “pobre” o “rico” es apenas un adjetivo, y no un calificativo moral. Por lo tanto, así como no es válido “perdonar” ciegamente la delincuencia de los pobres solo por el hecho de ser pobres, tampoco lo es “condenar” ciegamente la honestidad de los ricos solo por el hecho de ser ricos.

El poco discernimiento de los integrantes de una nación es ciertamente una desgracia, pero más aún lo es la intención de erradicarlo por completo, por parte de quienes pretenden conducirla. Es muy sencillo detentar el Poder plantando y alimentando una disputa irracional entre aporofobia (fobia a los pobres) y “ricofobia” (desconozco un apelativo para la fobia a los ricos), porque eso genera fanatismos tan irreconciliables como fácilmente manejables, en lugar de una auténtica conciencia democrática.

La discriminación es solo eso: DISCRIMINACIÓN. Y quien no tenga claro ese concepto no puede estar al frente de ningún organismo que pretenda administrar la Educación y la Cultura.

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