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¡Es por dignidad, Sr. Presidente!


@|Sr. Presidente, Tabaré Vázquez:
Creo que ningún compatriota en su sano y honrado juicio puede desmerecer los enormes logros en materia de seguridad social de sus dos gobiernos. Algo admirado, además, por el mundo entero. Y especialmente y rescato, el fenomenal trabajo desarrollado a través de ASSE para que a ningún compatriota le falte la atención a su salud. Creo que es la mayor muestra de una nación, hacia el respeto a la dignidad de sus ciudadanos. Y confieso que a mí, luego de regresar al país, ¡me salvaron la vida!
Por eso me produce tanto rechazo la actitud indignante de algunos compatriotas como los funcionarios de la salud que días pasados abuchearon e insultaron groseramente a la Presidenta del directorio de ASSE, Susana Muñiz, durante la instancia de negociación con el Pit-Cnt y la Federación de Funcionarios (FFSP). 

Es bueno recordar que recientemente expertos del BID, y otros, felicitaron el desempeño de ASSE, quien con más de 900 unidades asistenciales y más de 1.300.000 asociados (36%) a nivel nacional, es el organismo público más galardonado por el Instituto Nacional de Calidad. Por lo cual no se justifican Sr. Presidente, estos excesos sindicales desbordados - prepotentes, abusivos y destemplados - cuando agreden la dignidad de una compatriota esforzada, ¡médica, ex Ministra de Salud, y profesora! ¡Flaco favor le hacen a la dignidad del movimiento sindical los exacerbados! 

Y ya que hablamos de dignidad, también quisiera llamar especialmente su atención, Sr. Presidente, frente a otro hecho referido a la dignidad de los compatriotas. 

Creo que la sociedad uruguaya ha hecho un gran esfuerzo debiendo asimilar el nuevo fenómeno de los cuidacoches, por cuanto, sin consultarla ni avisarla, ni prepararla, debió simplemente aceptar compartir una solidaridad social obligada, con sus riesgos, temores, desconfianzas y varios abusos. No me quejo; y le aclaro que en mi cuadra, en el Cordón, hemos logrado con ellos una convivencia de respeto digna de imitar. Y aprovecho para saludar desde aquí al viejo y querido Gerardo Moyano, un referente entre los cuidacoches de mi cuadra, y a quien ante reiterados problemas de salud lo visité en el Pasteur. 

Pero luego, Sr. Presidente, la solidaridad hacia los compatriotas se convirtió en abuso y tal cual lo comenté en este mismo medio el 27 de setiembre de 2017; hoy asistimos a una invasión indiscriminada de compatriotas que yacen tirados en las calles, noche y día, como si fueran bolsas de basura. No es bueno para la dignidad de estos compatriotas seguir estirándoles su vida de miserias, Sr. Presidente, sin lograr de ellos una mínima reacción mediante la cual se sientan dignos e integrados a la sociedad. ¡Parecería ser que buena parte de los problemas sociales los resolvemos en las calles y las aceras! ¡Y no está bueno, Sr. Presidente! 

No está bueno por la dignidad de esos compatriotas que los marginemos a vivir en la calle sin los mínimos servicios de higiene y cuidados personales; no está bueno para nuestros hijos el ejemplo; no está bueno para nuestros vecinos que viven atemorizados cada día, frente a caras nuevas y repetidas experiencias tugurizantes; no está bueno para la higiene de nuestras aceras y contenedores (los olores a orines y excremento en el Cordón son impactantes); no está bueno para esos turistas que responden a nuestra invitación invirtiendo muchos miles de dólares; no está bueno, en fin, para una sociedad que siente los rigores impositivos con una sensación de exclusión de sus derechos, sin derecho a ser respetada. 

No está bueno tampoco, en contraposición con algunos loables esfuerzos municipales de mejoras para la calidad de vida de nuestros vecinos, como recuperación de edificios en abandono, mejoramiento de la red lumínica, plan de reparación de aceras (en ejecución), iniciativas en común con los comerciantes y grupos artísticos y culturales para intervenir las cortinas metálicas de los comercios con pinturas y motivos previamente acordados y autorizados, frente a la anarquía de garabatos de mal gusto, que no respetan la propiedad pública y privada. 

Estos logros son del Municipio B, Sr. Presidente, al cual pertenece el Cordón, y precisamente, uno de los más castigados. 

Sr. Presidente, este es el clamor de muchos ciudadanos que sintiéndose ignorados, confían a pesar de todo en recuperar los sueños postergados, ¡y mejorar lo logrado!

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