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De dichos y hechos


@|La segura intervención del Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) en el conflicto que enfrenta el gremio de obreros y empleados municipal (ADEOM) con el Intendente de Montevideo, Christian Di Candia, no deja lugar a dudas sobre la razón de la decisión adoptada. A nadie puede escapar que la resolución de la “suspensión de las medidas de lucha”, ha sido para no afectar la campaña política de Daniel Martínez a la Presidencia de la República, causándole “distorsiones”, por eso esta “tregua”. 

Esta es una perla más, que deja de manifiesto la íntima relación de la organización sindical con el Frente Amplio. Lejos, pero muy lejos de los dichos que imponían “la independencia frente al Estado, los patronos y los partidos” que contiene la Declaración de Principios, Programa de Soluciones a la Crisis, y el Estatuto de la CNT cuando se constituyó en el “organismo unificado de los sindicatos uruguayos” de 1966, que en Mayo de 1984 se expresara como la unión simbólica entre el PIT y la CNT, bajo la consigna “un solo movimiento sindical”. 

Este movimiento sindical, que a lo largo de décadas ha sostenido “ser independiente de gobiernos y partidos” y que ha impulsado plataformas coyunturales y reivindicativas, apostó en los hechos a brindar su organización y poder de movilización en favor de posturas del partido de gobierno, aún antes de que esta fuerza política alcanzara el poder. 

Ello ha motivado ser objeto de críticas que provienen en primer término de sectores más radicales de la propia “izquierda” y no sólo de los partidos tradicionales o de sectores conservadores, pues en gran medida, muchos trabajadores no se sienten representados por las decisiones que se adoptan en línea con el gobierno. Debemos significar que, si el sindicalismo en nuestro país pudo superar la importante crisis de la década 1990 a 2000, lo fue a nuestro leal entender en la medida que, ya en las dos primeras décadas del Siglo, a impulsos del primer batllismo, se sentaron las bases de una fuerte institucionalidad democrática y las bases de un estado de bienestar. 

Estado de Bienestar en el que, como ningún otro país en la región, les brindó a estas asociaciones sindicales un marco normativo en el que no sólo se les reconoció autonomía, sino que se les protegió en el pleno goce de sus derechos, fortaleciendo así la “cultura sindical”, con un importante impacto social. 

De ningún modo puede asombrarnos entonces el exponencial crecimiento de los afiliados al PIT CNT, desde el año 2005 a la fecha. Y con ello, nadie duda de su poder a la hora de adoptarse decisiones y la participación efectiva de esta asociación en cuestiones políticas, demuestra a las claras su “simpatía” que va mucho más allá que cumplir con sus propios y naturales objetivos fundacionales: “asumir la representación y legítima defensa de sus asociados, además de promover los intereses económicos, sociales y culturales de los mismos”. 

Esta injerencia del PITCNT pone de manifiesto quien a la postre gobierna y nos lleva a pensar en la necesaria cristalinidad y democratización de las normas que regulan su funcionamiento, en beneficio del sano equilibrio de poderes que posibilitan la plena vigencia del Estado de Derecho.

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