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Diálogo de sordos

Gobierno y autoconvocados


@|Es evidente que si los políticos, los senadores, los diputados montevideanos y los jerarcas de los entes autónomos, el Ministro de Economía, etc. recorrieran el campo en épocas diferentes a las elecciones nacionales, se darían cuenta que hubo una gran transformación en los últimos treinta años. 

Donde antes habían grandes extensiones de campo con unas pocas vacas u ovejas, ahora existe diversificación productiva: grandes plantaciones de diversos cultivos (arroz, soja, trigo, maíz), gran forestación y una ganadería cada vez más intensiva. Todo ello producto de grandes inversiones, en gran parte de origen externo.

Tal crecimiento, en gran parte impulsado por los altos precios de los productos exportables, propició un sostenido crecimiento en el Producto Interno Bruto (PIB), que es la suma de todo aquello que tiene un valor monetario producido en el país. Este crecimiento se reflejó en mayores ingresos fiscales, a los que se sumaron el IRPF y su entenado IASS, el Fonasa, etc., que fueron utilizados para crear programas a través del Mides y otros sistemas para capturar y condicionar votantes, así como los 50.000 nuevos empleos públicos.

Por parte de los ahora denostados productores agropecuarios, se utilizaron sus mayores ingresos en mejorar sus condiciones de vida y continuar invirtiendo en maquinaria, pozos, tajamares, camionetas 4x4 (sin las que difícilmente puedan transitar en la destruida caminería nacional, departamental o rural). 

Cuando los precios internacionales comenzaron a caer, sus ingresos y los del gobierno también se menoscabaron, por lo que para enfrentar sus egresos fijos comenzaron a endeudarse. 

Existen notorias diferencias entre lo que pueden hacer los productores para solucionar sus problemas actuales o lo que ejecuta el gobierno. 

El productor debe enfrentar sus gastos fijos, llámense alimentación, insumos, impuestos, etc. nada más que con lo que pueda obtener de la venta de sus productos o parte de sus activos, lo que además se ve afectado por las cambiantes condiciones climáticas, sobre las que obviamente no tiene ninguna posibilidad de reacción. 

Por parte del gobierno, ¿qué hace para solucionar sus dificultades financieras? Aumenta impuestos y tarifas públicas, o sea recarga aún más sobre los ingresos de productores, empresarios, trabajadores, jubilados, despreocupándose de ajustar su nivel de gastos. 

Prueba de ello es que a enero del corriente año, a pesar del publicitado aumento del PIB, del mayor número de turistas extranjeros, del incremento de las tarifas, el déficit fiscal llegó al 3,7% del PIB. 

La gente se hartó de pretextos, medidas tipo parche y lo que surgió como un movimiento de productores agropecuarios se convirtió en una protesta generalizada que abarca todo el país. 

El gobierno envía señales preocupantes no reconociendo su absoluta inacción frente al desmesurado gasto público y pretendiendo achacar a factores políticos los reclamos populares. 

Si bien el PIB muestra un crecimiento, los puestos de trabajo en el sector privado cayeron por 40.000 empleos, la inflación que muestran las cifras oficiales no se condicen con lo que una familia necesita para cubrir su alimentación básica. 

El año que está en sus inicios agrega más incertidumbre en vista de la próxima Rendición de Cuentas, los reclamos salariales y las promesas incumplidas del 6% del PBI para la educación y por último y lo más costoso: 2019 año de elecciones…

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