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Desolación en el Cementerio Central


@| El 2 de noviembre llevé a mis hijos en edad escolar a un paseo didáctico en el Cementerio Central. Realmente es divertido y gratificante ver las caras de asombro de los niños cuando descubren que están frente a un personaje conocido. Además hay que aprovechar antes de que venga otro temporal que termine de destruir los monumentos. 

El Central está casi librado a su suerte, a la acción de los elementos etc.
Por lo menos cortan algún yuyo.  

Buena parte de las sociedades occidentales hacen alarde de un cierto desprecio hacia los antepasados. Y peor si son antepasados de hace más de cien años. Una tontería positivista empalmada con una modernidad y progreso mal entendidos ya que si nos fijamos en sociedades avanzadas como las asiáticas China, Japón, Corea del Sur, el respeto a los antepasados es cultura y es vigencia. 

Claro que también hay desidia nacional y falta de interés. Si cruzamos el charco veremos qué orgullo tienen nuestros vecinos por su cementerio de la Recoleta.

Volviendo al Cementerio Central, en el panteón de José Pedro Varela había una grieta considerable a través de la cual se constataba un estado calamitoso. Además de inundado, como tantos otros, podían distinguirse entre el barro los despojos y la tapa de un ataúd flotando. 

Digo yo, ¿nadie se puede hacer cargo de esto? Sus restos deberían ser tratados con un poco más de respeto. Sin entrar en analogías con la educación.  

No es tan difícil. Es hacer un poco de limpieza y acomodar unos restos humanos de manera decente. 

Nadie está pidiendo un féretro de caoba con bronce ni que haya una re inauguración con la presencia de Wilson Netto y María Julia Muñoz. 

Una urna provisoria al menos. Cualquier cosa va a quedar mejor que la ciénaga actual.

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