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Declaración de la Embajada de China en Uruguay


@|El 23 de noviembre de 2020, la Embajada de los Estados Unidos en Uruguay organizó con desembozo una mesa redonda virtual sobre las llamadas “violaciones a los derechos humanos de la comunidad uigur”, en la cual se dio rienda suelta a comentarios irresponsables, trastocando lo verdadero por lo falso, en una burda intromisión en los asuntos internos de China. Al respecto, la Embajada de China en Uruguay manifiesta su gran indignación y categórico rechazo.

Entre 1990 y fines de 2016, las fuerzas nacionalistas de secesión, extremistas religiosos y terroristas violentos fraguaron y perpetraron miles de atentados terroristas violentos en Xinjiang, ocasionando la pérdida de un gran número de vidas humanas inocentes y centenares de policías caídos en cumplimiento de su deber, así como incalculables daños materiales, con el pueblo de las diversas etnias de la región sumido en una terrible tragedia.

Con el objeto de eliminar desde sus raíces el terrorismo y el extremismo religioso, se establecieron en Xinjiang centros de capacitación para ayudar a los jóvenes a aprender la lengua común, las leyes y los oficios, de modo que al graduarse, puedan autosustentarse y encaminarse hacia el enriquecimiento mediante su laboriosidad, siempre en el marco del estado de derecho. ¿Alguien había conocido en la historia universal este tipo de “campos de concentración”?

Los uigures son uno de los 56 grupos étnicos de la gran familia de la nación china. El gobierno chino siempre ha protegido los derechos e intereses legítimos de las minorías étnicas y su política poblacional ha otorgado un trato preferencial a ellas, incluidos los uigures. La población uigur en Xinjiang no ha dejado de crecer, en 1978, eran 5,55 millones, en 2018, llegaron a 12,71 millones, más del doble que hace 40 años. Entre 2010 y 2018, la población uigur en Xinjiang aumentó en 2,54 millones, un 25% de crecimiento, más alto que el aumento de toda la población de la región y 10 veces mayor que el crecimiento en el mismo período de la etnia han, la mayor del país.

¿Acaso llaman a esto “genocidio”? ¿Qué dirían entonces del exterminio de los indios americanos que vivían en territorio estadounidense antes de la llegada de Cristóbal Colón a América, cuya población no llegaba a las 250 mil personas para el siglo XIX?

China siempre ha sido abierta y transparente en este tema. Desde fines de 2018, más de mil funcionarios de la ONU y el cuerpo diplomático acreditado en China, pasando por representantes ante Ginebra, amigos de los medios de información y líderes religiosos provenientes de más de 90 naciones visitaron la región, y se prevé una próxima visita de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

Los de Xinjiang son meramente asuntos internos de China, que no tienen nada que ver con los derechos humanos, la etnia o la religión, sino con la lucha contra el terrorismo violento y la secesión. En el reciente debate general de la Tercera Comisión de la Asamblea General de la ONU, 48 países firmaron una declaración conjunta para apoyar firmemente las medidas antiterroristas y de desradicalización de China en Xinjiang, oponiéndose firmemente a la politización de los derechos humanos y la práctica del doble rasero.

En la sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en julio pasado, 46 países aplaudieron en su declaración conjunta los logros en la lucha contra el terrorismo y en la desradicalización de Xinjiang y apoyaron la política del gobierno chino. El Departamento de Estado norteamericano, haciendo la vista gorda a estos hechos y verdades, es capaz de todo para estigmatizar Xinjiang, lo cual revela que la verdadera agenda de los Estados Unidos no es preocuparse por la situación de los derechos humanos, sino socavar la prosperidad y estabilidad de la región y contener el desarrollo de China so pretexto de los derechos humanos.

Según la embajada norteamericana en Uruguay, ésta es “la primera de una serie de mesas virtuales para conocer acerca del tratamiento a grupos minoritarios en distintas partes del mundo”, tal vez entre ellas se encuentre también los Estados Unidos, que sólo ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Esperamos que los Estados Unidos, el país más azotado por la pandemia del COVID-19 a nivel global, preste más atención a los derechos humanos básicos en salud del propio pueblo estadounidense, y sobre todo, después de la muerte del afroestadounidense George Floyd el pasado 25 de mayo en Minneapolis que desató una oleada de protestas masivas en todo el país, a los derechos humanos y las libertades fundamentales de sus grupos minoritarios, en lugar de estar metiendo sus narices en distintas partes del mundo, jactándose de “defensor de los derechos humanos” y “gendarme mundial”.

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