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Decadencia educativa y cultural


@|El embrutecimiento social del Uruguay no es casual o coyuntural, de hecho es un camino pensado y trabajado desde que el Frente Amplio nos gobierna. 

Las consecuencias las observamos desde lo cotidiano, ya que si usted pretende disfrutar en cines unas película subtitulada, es casi imposible. Y si pregunta porqué la nueva modalidad de proyectar sólo filmes doblados al español, le contestan que se debe a que la gente lo pide porque les cuesta leer, o bien no saben leer. 

Más grave es ser testigo de la decadencia cultural de los jóvenes, y ese ha sido el propósito de este engañoso progresismo de izquierda. Reescriben la historia elevando a los tupamaros como una suerte de team de superhéroes que lucharon contra la dictadura. 

Nada más falso y soy testigo directo por la edad. Los tupamaros fueron una banda de delincuentes que sumieron al país en un caos, con un gobierno democrático elegido por voto popular. Es más, una vez instalada la dictadura -devenida en parte por ellos y aplaudida por sectores del Frente Amplio- ese movimiento ya estaba desarticulado y derrotado. ¡Dejen de lavarle el cerebro a los jóvenes! 

Hechos recientes como el desplante y comentarios del Ministro Nin Novoa hacia un periodista que preguntó una opinión sobre el déficit, me llevan a pensar que no fue una actitud casual, sino acto dirigido a la masa ingenua y desinformada. 

Primero, el desprecio hacia quien pregunta un tema incómodo, marca la tendencia de faltar el respeto a quien osa preguntar, investigar temas de administración de Estado. 

Segundo, el argumento del cuco (¿Cuqui?), relacionando el déficit con las asistencias sociales y remarcando las peligrosas intenciones opositoras para derribar los fantásticos logros del Frente Amplio. Un discurso dirigido a la hinchada y que carece de sustentabilidad. 

El déficit no tiene nada que ver con la asistencia social, más bien con los 900 millones de dólares (y contando) de Ancap que administró Sendic, el delfín de Mujica, los curros de la regasificadora, la corrupción galopante en ASSE y la conveniencia de votar para que no se investigue nada, las adjudicaciones directas a precios exorbitantes, los millones despilfarrados en Pluna-Alas U rematado con una burda puesta en escena de un remate trucho, digno para una serie en Netfilx. 

En definitiva, todo el desastre de este mal llamado gobierno progresista parece ser culpa de la herencia maldita, la oposición o el Plan Atlanta, una suerte de Spectre de James Bond que ha arremetido contra nuestro ex vicepresidente. Todos sabemos que él mismo ha sumado deméritos, desde la bizarra historia del título, a sus gastos justificados en una caja de zapatos en Ancap. 

El embrutecimientos social sirve. Cualquier argumento, sea falso o coloreado, ayuda al propósito de erigirse como los dueños de la verdad.
Ya no hay respeto a los padres, docentes, autoridades o rivales políticos, de hecho los opositores son el enemigo cuco, los rosaditos, fachos o canarios comebosta.

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