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Debates de papel


@| Sabemos del profesionalismo y el esfuerzo que, con compromiso, ponen algunos periodistas en aras de hacer un periodismo serio intentando rescatarlo de su caída libre tal como vemos los espectadores a diario. 

Los debates en clima de elecciones nacionales entre líderes presidensiables son instancias de generación de datos e información clave dirigidas al soberano para que decida haciendo uso de su magno poder cívico y ciudadano.

Los debates en el mundo de verdad son entre los candidatos a la Presidencia de los países, verbigracia Donald Trump - Hillary Clinton o en el Uruguay entre Sanguinetti y Vázquez. Anunciar con pompa y fanfarria que ahora vuelven los debates a la TV como no sucedía desde 1994 en el Uruguay es una vulgar charada, mi amigo Castro. 

Primero porque se comparan debates entre presidenciables con debates entre candidatos a las internas y segundo porque son debates irritos y nulos entre no presidenciables de diferentes partidos cuándo debieran ser de los mismos partidos. 

Presentar un debate entre colistas perdedores o desconocidos de siempre, vacío de datos de interés electoral para octubre como fue la ponencia televisiva entre Andrade y Talvi no se hace otra cosa que bastardear el debate. 

¿Qué diríamos si la CNN transmitiera de "coast to coast" un debate entre aspirantes a precandidatos de elecciones internas de Kentucky y Oklahoma? 

Presentar al espectador un debate de cara a elecciones internas entre dos que se prestaron para el show kafkiano, es la más absurda burla al ciudadano, a la democracia, al deber cívico y al ejercicio del poder ciudadano.

¿Se debe redescubrir acaso cuál es el real objeto y propósito de un debate?, ¿cual es la verdadera dimensión de semejante contienda? ¿Se deben redescubrir cuales son los datos e información que generan los debates de valor para quien decide en las urnas? 

Ningún otro medio por suerte está usando esa minúscula expresión del debate electoral. 

Con estas prácticas, se colabora con el deterioro de una campaña que de por si es paupérrima como el estilo de quienes se postulan.

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