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Cultura, el mar de la identidad


Durante la reciente campaña electoral, he observado con preocupación que la temática cultural de los uruguayos fue obviada casi por completo de las principales discusiones y propuestas de los candidatos.

Por eso es que me atrevo a escribir estas líneas, dirigidas en particular al señor presidente electo y a quienes les corresponda asumir, en su momento, cargos en el área.

Ocuparse de la cultura, gestionar por ella, significa tener presente todos aquellos ríos que desembocan en un mismo mar: el de la identidad. La nuestra, la de todos, la que se fue forjando con los próceres remotos y se fortaleció con el crisol de razas generado por una inmigración fuerte y muy variada en procedencias e idiosincrasias. Y que provocó notorias como valiosas mixturas al entreverarse con el indígena, con el gaucho, con el criollo.

A esta altura, no caben dudas de que el Uruguay es uno de los países que está a la vanguardia en el mundo a la hora de medir el porcentual de músicos, poetas y artistas de todos los géneros, en relación con la cantidad de habitantes. A través de los tiempos hubo quienes generaron, por ejemplo, el tango. Una expresión que nació de manera tímida y casi oculta, pero que se constituyó en una fortaleza mayúscula, que en la actualidad es patrimonio universal, orgullo cultural rioplatense y un bastión identitario sin precedentes.

Y mucho tiempo después, a mediados del siglo pasado, a poco de gestarse el “maracanazo”, un grupo de jóvenes que se multiplicaron por cientos y miles, alumbraron, casi mágicamente, esa expresión formidable de belleza artística en la poesía y en los sonidos: el Canto Popular Uruguayo. Ellos mismos lo han expresado de manera unánime: “No teníamos casi nada propio, cantábamos los temas que conocíamos del folklore argentino”. Que es lo mismo que decir “lo tuvimos que hacer todo”.

Y lo construyeron de manera sólida, contundente, con inusitada belleza estética, al punto de que en estos momentos se está dando el proceso inverso de que en la República Argentina cada vez más cantantes y grupos, eligen para sus repertorios, temas del prolífico cancionero nacido en estas costas.

Lo mismo puede decirse acerca de las demás expresiones artísticas, ya que es muy frecuente que en cada rincón del mundo en que se presenta un uruguayo, es admirado y aplaudido. Por todo ello, nuestros artistas merecen estímulo y apoyo, para que crezcan y se sigan multiplicando.

Deberá tenerse en cuenta que los dineros públicos que se asignen para ello, no constituirán, en absoluto, un gasto sino una inversión. No solamente porque muchos de los artistas en algún momento devienen en embajadores cuando se proyectan al mundo, sino también porque cuando un chico o un adolescente está concentrado en la práctica apasionada de un instrumento musical, o en el canto, o en un taller de teatro, de literatura o de artes plásticas, se estará alejando, para bien suyo y de la sociedad, de los flagelos dramáticos del mundo contemporáneo, que todos conocemos.

Una premisa que también vale, obviamente, para el deporte amateur.

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